La demolición atómica y nuclear de las Torres Gemelas (11 de septiembre de 2001)

 

10 de Septiembre de 2013
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Foto: Michael Foran

Publicado en alemán por la revista NEXUS, Octubre-Noviembre 2010: http://www.nexus-magazin.de/ausgaben/nexus-magazin-31-oktober-november-2010 páginas 2, 32-49;

 

11. September: Die dritte Wahrheit

11 de Septiembre, tercera verdad.

(traducción no oficial)

 

 

La traducción al Español de este artículo se publica con el permiso de los editores de NEXUS y del autor – Dimitri A. Khalezov. Sobre derechos de autor:

A cualquier persona se le permite libremente volver a publicar este artículo en cualquier idioma, salvo en alemán, siempre y cuando no se altere ni modifique el artículo de forma alguna y siempre que la fuente original de la información, el nombre del autor, y la revista NEXUS sean debidamente mencionados junto con todos los enlaces adicionales al final del artículo. La re-edición en alemán se permite en las mismas condiciones, pero sólo a partir de diciembre de 2010.

 

La tercera verdad sobre el 11 de Septiembre

 

La historia oficial del 11 de setiembre es un saco de mentiras. Para la comunidad alternativa, esto parece ser un hecho. ¿Pero qué ocurrió realmente? Una nueva serie de revelaciones de un antiguo miembro de la inteligencia nuclear rusa ha conmocionado incluso a quienes creían tener las cosas claras detrás del telón.

 

 

Dimitri Khalezov

 

¿Cómo colapsaron exactamente las Torres Gemelas? El análisis de un experto en explosiones nucleares nos lleva a una sorprendente conclusión.

 

Cuando el mundo vio cómo los aviones impactaron contra las Torres Gemelas del WTC de Nueva York y cómo estas colapsaron entre nubes de polvo durante los eventos del 9-11, quedó lo suficientemente impresionado como para examinar los hechos bajo cierto nivel de escrutinio. Desde entonces, una extraña noción creció en su mente: ¿cómo es que aviones de aluminio pudieron penetrar edificaciones hechas íntegramente de acero y cómo es que el combustible de avión pudo fundir aquellas sólidas estructuras hasta reducirlas a polvo suave y microscópico?

 

Tarde o temprano tales ridículas ideas serían descartadas: el colapso de las torres no tuvo nada que ver con aviones o con fuego supuestamente causado por estos. Éste es un hecho que en los últimos años ocupa a los estadounidenses descontentos con la versión oficial del 9-11. Superada la conmoción inicial, muchos empezaron a notar que las inconsistencias de esa versión no eran pocas.

 

Lo primero que llamó la atención fue que el orden en que cayeron las torres no correspondía al orden en que fueron impactadas por los aviones. La Torre Sur, segunda en ser impactada, colapsó primero, m ientras que la Torre Norte, que fue impactada primero, colapsó después. Esto significa que al “fuego” le tomó una hora con cuarenta y dos minutos para hacer colapsar la primera torre y sólo cincuentiséis minutos para hacer colapsar la segunda. Considerando que las llamas en ambas torres fueron causadas por aproximadamente las mismas cantidades de combustible y considerando que las torres eran gemelas (y absolutamente idénticas en fortaleza), ésta sería la primera señal de que los colapsos no tuvieron nada que ver con el fuego. El siguiente descubrimiento llegó cuando los investigadores del 9-11 empezaron a considerar que el edificio 7 (enorme y robusto rascacielos de estructura de metal de 47 pisos) colapsó de similar modo el mismo día, sin haber recibido el impacto de ningún avión. Si el colapso de las torres fue atribuido oficialmente al combustible que llevaban los “aviones”, el colapso del edificio 7 resultaba inexplicable, al punto que el reporte oficial de la Comisión 9-11 prefirió no mencionarlo, como si la caída de un moderno rascacielos de 47 pisos no fuera digna de mención.

 

Comparaciones de estos tres hechos, además de una serie de irregularidades concernientes a los colapsos, indujeron a los primeros investigadores del 9-11 a pensar que estaban siendo engañados por las autoridades y que la destrucción en el WTC no tuvo nada que ver ni con combustible ni con “aviones” porque realmente los aviones eran innecesarios. El solo colapso del edificio 7 del WTC la tarde del 11 de septiembre de 2001 probó que los aviones resultaban redundantes y que la caída del WTC ocurriría de cualquier modo, independientemente de avión alguno. Alguien simplemente necesitaba que el WTC cayera y ése era el porqué de su caída.

 

Desde este punto, comenzó el llamado “Movimiento de Verdad del 9-11″.

 

Entonces la gente empezó por acusar al gobierno de los Estados Unidos de demoler intencionalmente el WTC en un proceso industrial llamado “demolición controlada’. Más y más gente en Estados Unidos acusó a su propio gobierno de ser el principal responsable tras los ataques y eventualmente más del 65% de la población estadounidense expresó no creer la explicación oficial de los ataques del 9-11 y la caída del WTC. Realmente, cualquiera que haya visto con atención la cobertura de esos momentos, puede recordar las imágenes cuando la “tercera explosión” fue mencionada:

 

CNN 10.03 Último minuto - Tercera explosión destruye el World Trade Center

CNN 10.03 Último minuto – Tercera explosión destruye el World Trade Center

 

CNN 10.03 Último minuto - Tercera explosión hace colapsar el World Trade Center

CNN 10.03 Último minuto – Tercera explosión hace colapsar el World Trade Center

 

Y, comprensiblemente, la mayoría de las personas que discreparon con la versión oficial del “combustible”, acusaron al gobierno de los Estados Unidos de intencionalmente demoler el WTC. Sin embargo, ellos no tienen el conocimiento suficiente acerca de los procesos de demolición en general ni de la constitución del WTC en particular. De ahí que surgieran teorías de conspiración que sugieren que el WTC fue presuntamente sembrado con explosivos o que fue demolido usando ‘nano-termyte’ (una mística sustancia de la que no se tenía conocimiento hasta la fecha), la cual fue aplicada “como revestimiento” en cada pieza de acero de las estructuras de las torres. Existen teorías mucho más extrañas que culpan del colapso de los edificios al empleo de armas de alta tecnología, como rayos láser lanzados desde el espacio, por ejemplo. Por supuesto, ninguno de estos teoristas estuvo de acuerdo con el otro y así desperdiciaron su tiempo no solo acusando al gobierno de ser el principal culpable sino acusándose entre sí por “enturbiar las aguas de la verdad”.

El problema con ellos es que ignoran lo que realmente pasó con el WTC y, sobre todo, ignoran por qué ocurrió del modo en que ocurrió.

El autor de este artículo tratará de presentar algo distinto. En lugar de otra teoría de conspiración, presentará una opinión experta aunada al testimonio ocular basado en su experiencia y conocimiento dado su antiguo cargo en la armada soviética. Como resultado de este aporte, espero, el lector tendrá un mejor entendimiento relacionado a la demolición del WTC del que podrá encontrar en cualquier foro especializado en internet que tenga que ver con el 9-11.

Zona cero (Ground Zero) y zona cero (ground zero).

Para empezar, quisiera recordar a todos que la zona del original WTC en Nueva York es denominada “Zona Cero” (Ground Zero). Muchos parecen no saber lo que estas palabras “zona cero” significan y la importancia de lo que representan. Muchos toman “Zona Cero” por nombre propio, como si fuera el nombre de una ciudad o el de una embarcación. Sin embargo, pocos recuerdan que ese extraño nombre “zona cero” (ground zero) fue asignado a la zona del WTC de una manera demasiado rápida, tratándose de un “nombre propio”. Casi inmediatamente después de la caída de las torres (unas horas antes de la caída del edificio 7), es decir, al mediodía del 11 de septiembre del 2001, casi todos los oficiales e incluso algunos reporteros empezaron a referirse al área como “zona cero”. Todos los diarios lanzados al día siguiente denominaban la zona del WTC como “zona cero”. Por entonces, estas palabras eran escritas en minúsculas. El empleo de “zona cero” en relación al área del WTC continuó el 12 de septiembre de 2001 y algunas agencias continuaron usándola en minúsculas hasta el 13 de septiembre de 2001. Solo entonces, como si alguien hubiera descubierto su error, a este extraño nombre se le cambió de estatus para luego convertirlo en “Zona Cero”, con mayúsculas y, como tal, al final se convirtió en nombre propio. Pero qué pasó con “zona cero” en minúsculas, es decir, aun sin ese estatus de “nombre propio”?

¿Por qué llamar así al área del WTC inmediatamente después de la caída de las torres? ¿Fue acaso un error debido a la confusión que se vivía en medio de los eventos del 9-11? Podría responder que “sí”. Definitivamente fue un error ocasionado por la confusión general. Sin embargo no fue un error en el sentido de que el nombre incorrecto haya sido escogido para llamar el punto del WTC, simplemente porque era muy temprano en ese momento como para figurarse un nombre apropiado. De hecho, especialistas de Defensa Civil acertaron al denominar al área como ‘zona cero”. No había absolutamente ningún error en tal denominación. Aquello era “zona cero” en el modo en que la defensa civil lo entiende. Pero fue un error absoluto en el sentido de que esas extrañas palabras “zona cero” fueron inadvertidamente filtradas a periodistas y a través de ellos al público en general. Después de eso fue muy tarde para suprimir esta extraña denominación de la defensa civil, y así, los desesperados oficiales estadounidenses no tuvieron otra opción que “mayuscular” estas sediciosas palabras y convertir esta denominación de la defensa civil en “Nombre Propio”.

Para comenzar, quisiera citar aquí una afirmación relacionada a uno de los héroes del 9-11, el detective John Walcott, un rescatista de “Zona Cero” que dedicó bastante tiempo a limpiar los escombros de la zona del WTC. Él pasó ahí el tiempo suficiente como para desarrollar una extraña enfermedad: leucemia myelogenosa en su forma terminal. Solo dos párrafos de esta

declaración en un espeluznante artículo llamado “Muerte por polvo” (Nota: La historia completa está en este enlace: http://www.villagevoice.com/news/0648,lombardi,75156,2.html) nos llevó a saber de esta suerte de cosas “inexplicables” –que el lector necesitará como premisa básica para entender el principal punto de este articulo–. Ambos párrafos se refieren al polvo y a la radiación:

…como Walcott era detective, acabó pasando sus cinco meses de labores no sólo en “Zona Cero” sino también en Fresh Kills. Así como le ahogaba el impuro aire del bajo Manhattan, también le aterraba el basurero de Staten Island (terreno donde se depositaba los escombros del 9-11 -Nota de redacción-). Wallcott sabía que todo en las torres había caído: mesas, luces, computadoras. Pero además de la habitual trama de acero, el detritus que examinó consistía en pequeñísimas partículas de polvo, esto es, no había restos de mobiliario, ni de instalaciones eléctricas y ni siquiera un mouse de computador.

A menudo, los detectives solían refugiarse en cobertizos de madera, en un intento por alejarse de lo que Wallcott solía llamar “ese condenado mal aire”. Pero un día, mientras se encontraba en el refugio con sus colegas, comiendo barras de dulce y bebiendo sodas, aparecieron unos agentes del FBI. Estos se encontraban totalmente cubiertos con trajes y máscaras selladas con cinta para ductos (de ventilación, -Nota de redacción-), a fin de aislar los gases “Algo anda mal aquí…” pensó para sí Walcott, cuando comparó los bien protegidos agentes del FBI con los policías de Nueva York que sólo vestían máscaras para respirar...” (Nota 2: Ibid., S.5)

Así es, Sr. Walcott, desgraciadamente algo estaba mal, bastante mal…

Aquellos agentes, que no se avergonzaban de vestir aquellos trajes delante de gente común completamente desprotegida, sabían la verdad. Por eso no sufrieron de leucemia o algún tipo de cáncer terminal. Y, aparentemente, vivirán mucho más, a pesar de haber estado en la “Zona Cero” …

Si abrieras un diccionario contemporáneo, y observaras el significado de ese extraño término, no necesitaras hacerte la pregunta; inmediatamente entenderías qué andaba mal con la “Zona Cero”:

Posibles significados de

Posibles significados de “zona cero”, según definición del The New International Webster’s Comprehensive Dictionary of the English Language (Deluxe Encyclopedic Edition 1999, ISBN 1-888777796), página 559.

Es necesario mencionar que, eventualmente, el Sr. Walcott sobrevivió, a diferencia de muchos de sus colegas que trabajaron en la “Zona Cero”, los que, dicho sea de paso, fueron menos afortunados.

El 17 de diciembre de 2007, en algunos medios de internet se mencionó vagamente que Walcott fue sometido a una extraña y, en extremo, dolorosa operación –un trasplante de médula ósea–. (Nota 3: puede verse la nota aquí: http://www.nypost.com/seven/12172007/news/regionalnews/9_11_hero_meets_his_cell_mate_11157.htm además de otra escalofriante historia publicada en este enlace: http://abcnews.go.com/US/Story?id=2408066&page=1)

En adelante él continúa viviendo, pero sometido a un tratamiento de drogas inmuno- depresoras a fin de prevenir el rechazo del trasplante, y además sin poder salir de casa ya que su sistema inmunológico no existe, de modo que cualquier clase de infección podría resultarle fatal.

Para quien no sepa lo que significa un “trasplante de médula”, me veo en la obligación de explicar. Este trasplante es requerido para pacientes que sufrieron severas dosis de radiación, ya sea radiación penetrante o radiación por ionización residual, o ambos, y cuya médula ósea (que se encarga de la regeneración de la sangre) es destruida por estas severas dosis de radiación. Es una extraña propiedad de la radiación la de atacar a las células de médula ósea con mayor fuerza que a cualquier otra célula del cuerpo humano, por eso, la mayoría de victimas de radiación sufren de leucemia. Mientras mayor sea la exposición a la radiación, mayor es la cantidad de células de médula ósea que mueren y, en consecuencia, mayor es la leucemia sufrida. Walcott, aparentemente, sufrió la condición más severa de leucemia. Antes de su trasplante, él sobrevivió exclusivamente gracias a sangre de donadores, pues su propia sangre no lograba regenerarse jamás.

En adición a la destrucción de la médula, la radiación ionizante, especialmente cuando uno inhala o ingiere polvo o vapor radioactivo, puede provocar diversos tipos de cáncer que pueden afectar prácticamente cualquier parte del cuerpo humano, o incluso muchas partes en simultáneo. Sin embargo, es fácil para doctores y especialistas en salud inescrupulosos dar alguna explicación acerca de estos casos. Ellos pueden decir que el cáncer es debido al “asbesto”, a “gases tóxicos”, a “partículas de polvo tóxico”, etc. Pero estos mentirosos son puestos al descubierto cuando llega a dañar la médula ósea. El daño a la médula ósea sólo puede ser causado por radiación ionizante.

Es precisamente por esto que los agentes del FBI vestían esos “ridículos ” trajes contra materiales peligrosos con máscaras protectoras para la cabeza selladas con cinta de ductos para “aislar gases” mientras visitaban la “Zona Cero”: no querían padecer leucemia ni ningún otro tipo de cáncer, de modo que cuando ellos sellaban sus máscaras con aquella cinta para ductos, no sólo lo hacían para aislar gases, como pensaba equivocadamente Walcott. Lo hacían a fin de prevenirse del polvo radioactivo y especialmente del vapor radioactivo, el cual no querían inhalar, menos ingerir.

Algunos lectores podrán mostrarse impresionados por esta revelación e inclinarse a no creerme –pensando que estoy especulando–. Sin embargo, la historia de Walcott y los agentes del FBI vistiendo escafandras en la “zona cero” no tiene nada que ver conmigo en lo personal; estas historias existen, independientemente del humilde autor del artículo, del mismo modo en que existe la actual y legal definición de “zona cero”, la cual, antes del 9-11 solía ser como sigue:

“zona cero” – punto en la superficie de la tierra o del agua directamente abajo, directamente arriba o en el cual explota una bomba atómica o de hidrógeno.
Webster’s Encyclopedic Unabridged Dictionary of the English Language (Edition 1989, printed in 1994, ISBN 0-517-11888-2).

 

“zona cero” = punto en la tierra, directamente debajo de la explosión de un arma nuclear.
Dictionary of Military Terms (Peter Collins Publishing 1999, ISBN 1-901659-24-0).

 

“zona cero” /,.’../ n [U]. Lugar donde una bomba NUCLEAR explota, donde ocurre el daño más severo
Longman Advanced American Dictionary (new, first published 2000, ISBN 0 582 31732 0).

“zona cero” sustantivo 1 [C usualmente singular] el lugar exacto donde una bomba nuclear explota: La explosión se sintió a 30 millas de la zona cero. 2 [U] el lugar del antiguo World Trade Center en la ciudad de Nueva York, el cual fue destruido en un ataque el 11 de septiembre de 2001.
Cambridge Advanced Learner’s Dictionary, 2nd Edition. (2nd Edition 2006, ISBN-13 978-0-521-60499-4 – esta es una edición post 9-11, completamente disponible).

Estas eran las definiciones íntegras de “zona cero”. Era la única y apropiada definición de su significado… Si no crees lo que ves y prefieres correr a la librería más cercana para comprar algún diccionario inglés, no te apresures. Cuando llegues allá, te sorprenderás aún más porque no será posible encontrar ningún diccionario con la pura y antigua definición de este término. Los diccionarios impresos antes del 9-11, como los mencionados arriba, que contenían el único significado apropiado de “zona cero” han sido removidos hace tiempo de los anaqueles de las librerías y reemplazados con nuevas ediciones de los mismos. Desgraciadamente, la misma lengua inglesa fue una de las primeras víctimas del 9-11…

No se asombren de que casi todos los nuevos diccionarios de Ingles impresos después del 9-11 empezaran a describir “zona cero” presuntamente como si tuviera más de un sentido. Al menos 3 ó 5 nuevos significados han sido añadidos a este término, que van desde “gran devastación”, “gran desorden” у “actividad apremiante” hasta “punto base” о “punto de partida”. Algunos prefieren otro enfoque: editores del nuevo Diccionario Longman, por ejemplo, lo definen como “lugar donde se explota una bomba,” sin mencionar nada acerca de si esa bomba es una de tipo nuclear о termonuclear. Además, ahora todos los diccionarios empezaron a incluir esta, o, para ser más exactos, “estas” definiciones. El término “zona cero” – obviamente por ser tan especifico, antes del 9-11 existía solo en los grandes diccionarios como el Webster Unabridged о el Collins completo, el American Heritage у similares (en los que solo había un solo significado). Por ejemplo, “zona cero” estaba ausente en el Diccionario Avanzado Oxford, en su 4ª, 5ª у 6ª ediciones, publicados antes del 9-11 del 2001. Incluso, el Oxford Enciclopédico no incluía mención alguna respecto a “zona cero”. Solo en su 7ª edición se ocupa de este término.

Los diccionarios impresos con posterioridad al 9-11, como el Diccionario de Ingles Macmillan para Estudiantes Avanzados у el Diccionario Longman de Inglés Contemporáneo, todos los nuevos Merrian Webster, la mayoría de los Heritage, el nuevo Collins, Microsoft Encarta у muchos otros nuevos diccionarios у enciclopedias comenzaron a incluir “zona cero” у a definirlo en un sentido de que supuestamente podría tener más de un significado, haciendo lo mejor por alejar la atención de sus lectores de la original naturaleza nuclear (y solo nuclear) de ese término. A propósito, los editores del ultimo Diccionario Avanzado Cambridge fueron aclamados por no engañar a sus lectores: fueron suficientemente valientes como para no incluir ninguna equivocada definición de “zona cero” en sus diccionarios post 9-11, en claro contraste con los demás editores de diccionarios al servicio de los tramposos del 9-11. Se dice que hubieron más tentativas para probar que “zona cero” fue deliberadamente usado para describir esa ubicación mucho antes del 9-11 de 2001. Sin duda que todos estos esfuerzos lingüísticos post 9-11 relacionados a “zona cero” son comprensibles. Obviamente, ese extraño у revelador nombre, escogido precipitadamente por especialistas en Defensa Civil para denominar las demoliciones en el WTC, era tan revelador como para dejarlo con su única y original definición en las futuras ediciones de los diccionarios…

La demolición nuclear del World Trade Center

El autor de este artículo era Oficial Comisionado en la Unidad militar soviética 46179, conocida también como el “Servicio de Control Especial del 12º Departamento del Ministerio de Defensa de la USSR”. El 12º Departamento era en sí una organización responsable del mantenimiento, control de producción, mantenimiento técnico, etc. de todo el arsenal nuclear del estado. Mientras, su Servicio de Control Especial era responsable de la detección de explosiones nucleares y también del control de observación de los tratados relacionados a pruebas nucleares. Esto es especialmente importante por la existencia del llamado “Tratado de explosiones nucleares pacíficas” de 1976 entre la Unión Soviética y los EEUU. De acuerdo a este tratado, las partes estaban obligadas a informarse mutuamente sobre las explosiones nucleares proyectadas sin fines militares. Durante mi servicio militar en la mencionada organización, a fines de los ‘80s, tuve conocimiento de que existía un denominado “esquema de demolición nuclear de emergencia” construido en las Torres Gemelas del WTC en Nueva York. El esquema actual de demolición estaba basado en enormes cargas termonucleares (de casi 150 kilotones en su equivalente en TNT) que fueron colocadas cerca de 50 metros debajo del cimiento inferior de cada una de las torres. Para mí fue extraño y, para ser sincero, difícil de creer que las autoridades de los Estados Unidos pudieran ser tan dementes como para demoler edificios en medio de una ciudad habitada, empleando cargas nucleares bajo tierra

Sin embargo, según entendí correctamente, nadie planeaba demoler el WTC de esa manera per se. Aquello fue un modo de evitar cierto problema burocrático: un esquema de demolición nuclear como ése tenía que ser construido dentro de las torres no exactamente para demolerlas, sino para conseguir el permiso para construirlas al fin y al cabo: el código de construcción de Nueva York de ese entonces (así como el de Chicago) no permitía al Departamento de Construcciones autorizar la construcción de un rascacielos a menos que el constructor proporcionara una manera satisfactoria para, en el futuro o en caso de emergencia, demoler tal construcción de esa magnitud. Desde finales de los ‘60s (cuando las torres fueron propuestas) este tipo de construcciones con trama de acero representaba un concepto nuevo, de modo que nadie tenía idea de cómo lidiar con ello en términos de demolición. Porque los métodos de demolición convencional (o “tradicional”) eran aplicables sólo a construcciones de tipo antiguo; algo nuevo debía haberse inventado para las robustas torres de acero, de modo que lograran convencer al departamento de construcciones de que les concediera el permiso para su construcción, y este “algo” había sido, sin duda, inventado: la demolición nuclear.

Breve historia del concepto de demolición atómica y nuclear

La idea inicial de usar cargas nucleares para demoler construcciones nació casi de la mano con la aparición de las armas nucleares a principios de los ‘50s. En un comienzo, las municiones nucleares no fueron llamadas “nucleares”, sino “atómicas”, así, el concepto de demolición usando estas municiones recibió el nombre de “demolición atómica”. Estas palabras lograron persistir y, a pesar de renombrárseles como “armas nucleares”, las palabras “demolición atómica” todavía pueden ser halladas en los nombres de los dispositivos especiales –SADM (Municiones Especiales de Demolición Atómica) y MADM (Municiones Medianas de Demolición Atómica)–. Mucha gente cree erróneamente que SADM se refiere a “Municiones Pequeñas de Demolición Atómica”. (SADM = “Special Atomic Demolition Munitions”: de ahí que la “S” de Special se confunda como S de Small [pequeño] -Nota de Redacción-).

De hecho, no sería gran error llamarlas “pequeñas” (small) en lugar de “especial” (special), porque los SADM son realmente pequeños. Su carga nuclear usualmente no excede un kilotón en su equivalente en TNT. Considerando que los modernos SADMs tienen cargas variables que pueden ser configuradas hasta menos de 0.1 kilotón, y algunas aun a 0.01 kilotón (equivalentes a 100 y 10 toneladas métricas de TNT respectivamente), merecen ser denominados municiones “pequeñas”. Otros nombres conocidos para estos SADMs son “mini-nuke” y “suitcase-nuke” (bomba de maletín). Aunque lógicamente, el segundo término es, quizá, incorrecto. En realidad la mayoría de los SADM parecen enormes tazones con pesos de 50 a 70 kilogramos que podrían ser transportados en mochilas, así que es altamente improbable que puedan caber dentro de algún maletín.

No obstante, también existen modernos “mini-nukes” hechos de Plutonio-239, en vez de Uranio-235, y debido a la mucho menor masa crítica del Plutonio, su tamaño podría ser significativamente más pequeño. Algunos recientes “mini-nukes” hechos de plutonio podrían entrar en un maletín. Las MADM son enormes en ambos casos, tanto en tamaño como su carga en TNT, y pueden llevar una carga de hasta 15 kilotones en su equivalente en TNT, pesar hasta 200 kg. y ser tan grandes como un cilindro de gas doméstico.

Cualquiera de las mencionadas municiones podrían ser usadas exitosamente para demoler objetivos enormes que podrían no ser derribados con una cantidad razonable de explosivos convencionales. Especialmente en momentos de emergencia, cuando no hay ni tiempo ni posibilidad de preparar la demolición “normal” por medios convencionales. Por ejemplo, podrían ser usadas en puentes, represas, túneles, estructuras subterráneas reforzadas, construcciones gigantescas reforzadas, etc. Sin embargo, el factor de eficiencia de tales demoliciones nucleares usando SADM o MADM no es muy alto. Como es probablemente sabido, el principal objetivo de la demolición controlada de edificios por el método de la implosión es precisamente eliminar esas construcciones sin hacerlas estallar y mandar sus partes volando por doquier, sino traerlas abajo con el menor daño posible a los alrededores.

Por este motivo, los ingenieros que preparan demoliciones controladas primero tienen que determinar los puntos exactos de soporte en las estructuras e instalar las cargas en los puntos correctos a fin de quebrarlos. En casi todos los casos podrían haber más de un punto al cuál colocar explosivos, ya que es poco probable que una estructura como esa tenga sólo una viga o columna de soporte a ser quebrada. En el mejor de los casos podría haber algunas pocas, si es que no muchas. En el caso de una demolición atómica usando las municiones de demolición mencionadas arriba, no es así.

Personas que planean usar cargas atómicas en casos de emergencia, podrían no contar con tiempo ni instrucción suficiente para hacer cálculos tan precisos como en el caso de una demolición convencional. En muchos casos, lo que podrían tener es la más elemental experiencia en ingeniería y algún conocimiento relacionado al uso de armas nucleares. De este modo, el empleo de cargas de demolición atómica en semejantes caso conlleva derribar una estructura no tan limpiamente, aunque sí de cualquier modo y a cualquier costo. Es por eso que una carga atómica usada para demoler estructuras en casos de emergencia podría resultar excesiva en cualquier caso, con gran parte de su energía desperdiciada, como sucede en cualquier explosión nuclear. Así, la mayor parte de energía liberada por una explosión nuclear de una carga como la de un dispositivo atómico de demolición podría consumirse en una serie de factores bien conocidos de una detonación atómica: radiación térmica, onda expansiva, radiación ionizante, pulso electromagnético, que no tienen nada que ver con el trabajo de demolición e improbablemente podría contribuir con éste. No obstante, estos factores destructivos podrían contribuir enormemente a dañar los alrededores, daño que por lo general podría ser extremo y definitivamente exceder en su costo el precio a pagar por la demolición.

Puede decirse que una demolición nuclear en el sentido mencionado anteriormente tiene un índice de performance mucho más bajo comparado al proceso de demolición actual, puesto que este último emplea casi toda la energía entera de los explosivos en romper las columnas en vez de crear una onda de radiación térmica. Pero además de esto, un dispositivo de demolición atómica es algo costoso. Como mínimo, un mini-nuke basado en uranio cuesta un par de millones de dólares, si no más (una bomba de Plutonio cuesta mucho más que eso). Aparentemente, unas miles de toneladas de TNT puede costar menos que un kilotón de munición atómica. Sin embargo, es posible demoler algunas destrucciones usando 1000 toneladas de TNT, mientras es posible demoler una sola construcción (pero dañar otras alrededor) con solo un mini-nuke. Considerando esto, puede colegirse que usar munición nuclear –sin importar su tamaño– para demoler edificaciones civiles en tiempo de paz, cuando hay tiempo suficiente como para preparar la demolición de objetos como esos empleando medios convencionales, no es una opción. En cualquier caso una demolición controlada podría ser más barata que una demolición nuclear. Sólo se podrían usar mini-nukes para demolición en caso de una emergencia real.

¿Cómo es entonces que este antiguo concepto de demolición atómica –a pesar de saberse que es costoso y de tener un índice de performance muy bajo comparado con una demolición controlada por implosión– fue eventualmente resucitado y aún implementado en el esquema de demolición del WTC?

Tal cosa ocurre debido a la nueva generación de construcciones que se levantaron a fines de los sesenta, llamados ‘edificios con trama de acero’. Pese a la creencia errónea de la gente, antes de las torres del WTC, jamás, en ninguna parte del mundo, ocurrió la demolición por implosión de ningún rascacielos de este tipo. Primero, porque la mayoría de los rascacielos eran edificios nuevos cuyo tiempo de ser demolidos no había llegado aun. El edificio más grande destruido por implosión fue uno de 47 pisos, el Edificio Singer en la ciudad de Nueva York, construido en 1908 y demolido en 1968 por obsoleto. Este edificio era una estructura mucho más débil comparada con los increíblemente poderosos rascacielos con trama de acero. De este modo, no es posible demoler un edificio como ese por medios comúnmente conocidos. En los tiempos cuando los edificios eran recubiertos con ladrillo y paneles de concreto, sus estructuras solían tener columnas y vigas de concreto. A veces estas estructuras eran reforzadas con injertos de acero, aunque a veces eran simplemente concreto. En cualquier caso, era posible calcular la cantidad exacta de explosivos a colocar en estas estructuras en puntos correctos (o ser colocadas en agujeros taladrados en sus soportes) a fin de romperlas al mismo tiempo y hacer caer el edificio sobre sus cimientos. No obstante, esto no es posible con los modernos edificios con núcleo interior de acero, como las Torre Gemelas, el edificio 7, o la Torre Sears de Chicago.

Aquí un ejemplo de la trama de acero de las Torres Gemelas del WTC:

No existen “estructuras de soporte” propiamente dichas. La torre entera es esencialmente una “estructura de soporte”. La trama de acero de las torres del WTC consistía de un perímetro y de un núcleo integrados ambos por columnas excepcionalmente gruesas con doble pared de acero. Este denominado “diseño de estructura de tubo” fue un avance que permitió abrir pisos llanos en vez llenarlos de columnas distribuidas por el interior a fin de soportar las cargas, como tradicionalmente se hacía en las construcciones anteriores. Las Torres Gemelas presentaban un perímetro de columnas de soporte (de corte cuadrado) ubicadas una a un metro de la otra sobre la fachada de las torres, para así formar una estructura rígida y poder resistir virtualmente todas las cargas laterales (como la carga del viento, por ejemplo) y de este modo compartir el peso de la gravedad con las columnas interiores. La estructura del perímetro constaba de 59 columnas similares por lado, mientras que la estructura del núcleo constaba de 47 columnas de acero (de corte rectangular) que iban desde la base hasta la parte superior de las torres. En la siguiente imagen, que muestra los restos tal y como se hallaron en la zona cero luego de la demolición tras los ataques del 9-11, puede verse cómo lucen las columnas de acero del perímetro y del núcleo:

Note que estas columnas del núcleo (rectangulares) y del perímetro (cuadradas) no pertenecen a las partes bajas de las torres, sino a las partes altas. Esto es porque fueron lanzadas por la pulverización a que las torres fueron sujeto durante su demolición, mientras casi nada, excepto polvillo microscópico, quedó de las columnas idénticas pertenecientes a las partes bajas.

Aquí una foto más (del reporte de NIST – National Institute of Standards and Technology), mostrando las columnas del perímetro durante su construcción:

Figura 1-4. Ensamblaje entre la pared de soporte y la estructura del piso

Figura 1-4. Ensamblaje entre la pared de soporte y la estructura del piso

Estas columnas eran increíblemente gruesas –la pared de cada una medía 2.5 pulgadas (6.35 cms.), de modo que hacían un grosor total de 5 pulgadas (12.7 cm)–. Para imaginar cuán gruesas eran, aquí un buen ejemplo para comparar: la coraza frontal del T-34, el mejor tanque de la II Guerra Mundial, era de sólo 1.8 pulgadas, o 4.5 cms., y era de una sola cubierta.

Por aquellos tiempos no existía un obús capaz de penetrar una coraza de ese tipo. Por supuesto, ningún explosivo podría haber sido capaz de lastimar la coraza de ningún tanque, excepto una bomba de carga hueca que incluso no podría haberle arrancado una pieza completa aunque sí hacerle un pequeño agujero. Considerando que las estructuras de acero de las torres consistían de columnas de acero de doble pared que eran casi el triple de grueso comparado con la coraza frontal de un T-34, era imposible encontrar modo alguno de romper dichas columnas simultáneamente en distintos puntos para lograr el efecto de una implosión –objetivo principal de una demolición controlada–. Por supuesto que era técnicamente posible romper algunas columnas en ciertos puntos, usando enormes cantidades de carga hueca fijadas en cada columna, pero hasta esa increíble solución no podría haber ayudado a lograr tal efecto. Las torres, simplemente, eran tan altas y rígidas que sus columnas de acero podrían haber sido partidas simultáneamente en varios puntos de cada piso –cosa difícil de conseguir–, y aún así, dicha solución no podría haber logrado el fin propuesto. Nada garantizaba que tan gigantesca estructura cayera directamente sobre sus cimientos. Por el contrario, los escombros podrían haber terminado lanzados a un cuarto de milla como mucho, considerando su peso. De este modo, era imposible demoler las Torres Gemelas del WTC por cualquier medio tradicional de demolición.

Lo mismo puede decirse del edificio 7 del WTC, o del edificio Sears de Chicago. Ambos fueron construidos usando similar sistema de trama de acero de doble pared, imposible de romper debido a las razones ya descritas. Sin embargo, de acuerdo a las leyes estadounidenses que rigen la construcción de rascacielos, los arquitectos tienen que proporcionar un proyecto de demolición satisfactoria antes de que el proyecto de construcción sea aprobado por el Departamento de Edificaciones. Nadie podía construir un rascacielos que no pudiera ser demolido en el futuro. Este es el principal punto en la demolición de rascacielos. Irónicamente, dicho esquema de demolición nuclear no contempla exactamente demoler el edificio, considerando especialmente que nadie tiene práctica alguna en demoler edificios por esos medios. Esto es sólo para convencer al Departamento de aprobar la construcción de la forma que fuera. Parece que los arquitectos y promotores de esos esquemas sinceramente no pensaban que sus ideas serían puestas en práctica mientras ellos vivieran.

¿Cómo trabaja?

Primero que nada, la demolición nuclear tiene poco o nada que ver con la tradicional demolición usando SADM o MADM como se describe arriba. Es un concepto totalmente nuevo. Durante un proceso moderno de demolición nuclear, la carga nuclear no produce una explosión nuclear atmosférica, con su clásica nube en forma de hongo, radiación térmica, onda expansiva y pulso electromagnético. Ésta explota muy por debajo de la superficie, de igual manera que una carga nuclear estalla en una típica prueba. De este modo, no produce ni onda, ni radiación térmica, ni radiación ionizante penetradora, ni pulso electromagnético. Podría ocasionar daños relativamente menores en los alrededores debido a una probable contaminación, lo cual, sin embargo, es considerado por los diseñadores de dichos proyectos como un factor ponderable, insignificante.

Cual es la diferencia básica entre una explosión atmosférica y una explosión subterránea? Que durante la fase inicial de una explosión nuclear (o también una explosión termonuclear), la energía es liberada en forma de lo que se denomina “radiación primaria”, que en su mayor parte, casi el 99%, se halla dentro del espectro de los rayos X (la restante parte es representada por un espectro de radiación Gamma, que provocan daños, y por un visible espectro que produce un destello luminoso). Así, esta energía explosiva representada por rayos X podría consumirse calentando el aire aledaño a decenas de metros en torno al hipocentro de dicha explosión. Esto ocurre porque los rayos X no pueden viajar tan lejos, siendo consumido entonces por el aire circundante. El calentamiento de esta área relativamente pequeña en torno al hipocentro de una explosión nuclear podría resultar en apariencia de “bolas nucleares de fuego”, que físicamente no son otra cosa que aire extremamente sobrecalentado. Estas “bolas nucleares de fuego” son responsables de los dos principales factores destructivos de una explosión nuclear atmosférica: radiación térmica y onda expansiva, ya que estos factores son exclusivamente producto de las altas temperaturas del aire alrededor de una explosión nuclear. Pero la figura es completamente distinta cuando ocurre una explosión nuclear subterránea. No existe aire alrededor del punto de explosión (zero-box) donde se encuentra colocada la carga nuclear. Así, en lugar de eso, toda la energía liberada por una explosión nuclear en forma de rayos X podría ser consumida calentando la roca circundante. Esto puede devenir en recalentamiento, derretimiento y evaporación de esta roca, lo que a su vez puede originar la creación de una cavidad subterránea cuyo tamaño dependerá directamente de la carga explosiva o munición empleada. Puedes hacerte una idea de cuánta roca podría desaparecer durante una explosión nuclear subterránea mediante la siguiente tabla donde las cantidad de diverso material evaporado y derretido (en toneladas métricas) están mostradas en la columna de ‘por kilotón de carga”:

Tipo de roca

Masa específica de material vaporizado

(En toneladas por kilotón)

Masa específica de material derretido

(En toneladas por kilotón)

Granito seco

69

300 (±100)

Roca volcánica húmeda (18-20% de agua)

72

500 (± 150)

Roca volcánica seca

73

200 – 300

Sedimento

107

650 (±50)

Sal de piedra

150

800

Solo un ejemplo: la detonación de una carga termonuclear de 150 kilotones, enterrada a suficiente profundidad en roca de granito podría originar la creación de una cavidad de unos 100 metros de diámetro, como se muestra en la figura siguiente:

Por ejemplo, en el específico caso de las Torres Gemelas, sus cimientos más inferiores se encontraban a 27 metros por debajo de la superficie, mientras las cargas de demolición termonuclear de 150 kilotones fueron colocadas a 77 metros de profundidad, medidos desde la superficie, o 50 metros debajo de los cimientos. Dicha explosión termonuclear a 77 metros de profundidad pudo crear una cavidad extremadamente sobrecalentada con su esfera superior tocando los cimientos mas bajos de la torre gemela que se quería demoler. Pero aun así, su alcance quedaría corto como para superar los 27 metros y llegar a la superficie, por lo tanto las estructuras alrededor no podrían ser afectadas por ningún factor destructivo de una explosión nuclear bajo tierra, excepto por, quizás, la contaminación radioactiva. La torre a demolerse debe perder sus cimientos por completo y ser succionada dentro de la cavidad recalentada, cuya temperatura interna es considerada suficiente como para derretirla por completo. Similar esquema de demolición fueron planeados para el edificio 7 y la Torre Sears, en Chicago.

No obstante, hay un factor más a ser considerado durante el cálculo de demolición nuclear de rascacielos. Este es acerca del granito evaporado dentro de la cavidad. 27 m ¿Adónde se supone que debería irse todo ese granito ahora en estado gaseoso? Un gráfico de los hechos físicos ocurridos luego de una explosión nuclear subterránea resultará interesante, sin duda. Veamos:

El gráfico representa los procesos físicos más importantes que ocurren durante una explosión nuclear subterránea “ideal” (que se supone tiene lugar a suficiente distancia de la superficie). De este modo, debe quedar claro que la presión extrema de la roca evaporada dentro de la cavidad desempeña dos trabajos importantes: 1) Expande la cavidad desde su tamaño “primario” a su tamaño “secundario”; y 2) Ya que esta expansión se realiza a costa de las áreas de roca aledañas, esto produce dos zonas dañadas alrededor de sí, representando otro nivel de daño.

En jerga nuclear, la zona inmediatamente adyacente a la cavidad recibe el nombre de “zona comprimida” (crushed zone). Esta zona puede ser tan amplia como el diámetro de la cavidad misma y se encuentra llena de una materia bastante peculiar, esto es, de roca completamente pulverizada, reducida a polvo microscópico cuyas partículas miden alrededor de 100 micrones. Por otra parte, este particular estado de la materia dentro de la “zona comprimida” es tan extraño que, aparte de una prueba nuclear subterránea, no tiene lugar en ninguna otra parte en la naturaleza. Si tomas suavemente una piedra de esta zona, ésta puede permanecer entera y, por su apariencia, forma y color, asemejar a una piedra. Pero si presionas ligeramente esta “piedra”, ésta se desintegrará inmediatamente, como el polvo microscópico que realmente es.

Una segunda zona, próxima a la “zona comprimida”, recibe el nombre de “zona dañada” (damaged zone), en jerga nuclear. Esta “zona dañada” se encuentra llena de roca reducida a trozos cuyos tamaños van desde unos milímetros a fragmentos relativamente grandes. Mientras más próximo a la “zona comprimida”, más pequeños serán los escombros, y mientras más lejos del hipocentro, más grandes serán los escombros.

Finalmente, fuera del límite de la “zona dañada”, no debe haber virtualmente mayor daño a la roca circundante.

Sin embargo, lo que hemos considerado líneas atrás son los procesos físicos más próximos a una destrucción nuclear “idealmente profunda”. Pero cuando una carga nuclear no está enterrada a suficiente profundidad, el panorama es otro. En este caso las zonas “comprimida” y “dañada” no van a ser exactamente redondas. A menudo podría tener forma elíptica, con su lado más largo apuntando para arriba, comparable con un huevo con el lado más fino apuntando hacia arriba; o posiblemente sería más elipsoidal y afilado que un típico huevo. Esto ocurre porque la presión de los gases evaporados pueden encontrar menor resistencia hacia la superficie ya que ésta se halla más próxima, así, las zonas “comprimida” y “dañada” pueden extenderse hacia arriba en vez de ir en cualquier otra dirección.

El dibujo ilustra la resistencia de la roca circundante cuando una cavidad no es colocada a suficiente profundidad debajo de la superficie de la Tierra. Evidentemente, la resistencia de la roca hacia la superficie será mucho menor que hacia otra dirección porque todo avanza en dirección a donde hay menor resistencia. Entonces, lógicamente, la cavidad tenderá a expandirse hacia la superficie y jamás será redonda (o “idealmente redonda”). Siempre tendrá forma elíptica.

Cuando la presión se propaga hacia arriba y los contornos superiores de las zonas “dañada” y “comprimida” encuentran los cimientos subterráneos de la torre que se pretende demoler, la figura puede ser aún más distinta. Esto es porque los materiales con los que está hecha la torre difieren del granito aledaño, hablando en términos de “resistencia de materiales”. Además, existe suficiente espacio vacío dentro de la torre, mientras que el granito en las restantes direcciones es sólido. Así, la expansión del contorno superior de ambas zonas (“comprimida” y “dañada”) será mayor. En el caso de la Torre Sears o las Torres Gemelas, la “zona dañada” puede alcanzar los 350-370 mts. mientras que la “zona comprimida” puede alcanzar los 290-310 mts. En el caso del edificio 7, toda su longitud estará comprendida dentro de la “zona comprimida”, de manera que puede ser completamente pulverizada. Esta una de las cualidades únicas de toda demolición nuclear: su capacidad para pulverizar concreto y acero.

La figura anterior muestra el fino polvo microscópico que cubrió Manhattan tras la demolición del WTC. Muchos erradamente creyeron que era concreto pulverizado, pero no. Era polvo, sí, pero en su mayoría, se trataba de acero hecho polvo. Pese a la extendida e incorrecta creencia popular, las estructuras de las torres no tenían mucho concreto. El concreto fue usado, aunque en cantidades limitadas para hacer pisos delgados en la construcción de las torres, pero fuera de eso, no se empleó en ninguna otra parte. Gran parte de las torres era de acero, mas no de concreto. En consecuencia, aquel fino polvo estaba integrado en gran parte por acero en polvo, aunque no todo era precisamente “acero en polvo”. También era “mobiliario en polvo”, “madera en polvo”, “papel en polvo”, “alfombras en polvo”, “partes de computador en polvo” y hasta “humanos en polvo”, ya que las personas que permanecieron en las torres fueron pulverizadas de la misma manera que el acero, el concreto y el mobiliario.

Algunos podrán preguntarse ¿por qué el edificio 7 colapsó hasta sus cimientos mientras las torres despidieron no solo polvo sino también restos y escombros a gran distancia? Esta pregunta es fácil de responder. Dé una mirada a la distribución de las zonas “comprimida” y “dañada” a lo largo de las estructuras de las torres y encontrarás que la respuesta será obvia.

El gráfico arriba representa la distribución aproximada de las zonas dañadas en el escenario de una demolición nuclear de un rascacielos usando una carga termonuclear de 150 kilotones colocada a 50 metros más abajo que el cimiento inferior de un rascacielos. No olvide que las cargas de demolición en este particular caso no fueron enterradas a “ideal profundidad”, por eso es que la forma de las zonas “comprimida” y “dañada” no fue redonda sino elíptica, con su lado más agudo apuntando hacia arriba, hacia las zonas de menor resistencia. Es fácil comprender que la longitud entera del edificio 7 encaje dentro de la “zona comprimida” de manera que no quedó parte superior sin dañar que causara el mismo efecto apreciado en el colapso de las Torres Gemelas.

Esta particular distribución de daños a lo largo de las estructuras de los rascacielos, infligido por dicho proceso, puede ser mejor comprendida viendo los videos mostrando detalles de colapso de las Torres Gemelas y el edificio 7. Estos videos contemporáneos están disponibles en Youtube.

Debe agregarse que pese a la aparente insuficiencia de 150 kilotones para pulverizar altísimos rascacielos en su totalidad (como se ve en las imágenes, las torres no se hicieron polvo sino hasta un 80% de su totalidad, dejando las partes altas intactas), en demolición nuclear no se puede usar cargas de mayor potencia debido a razones meramente legales. El problema es que de acuerdo con el Tratado de Explosiones Nucleares Pacíficas EEUU-Unión Soviética de 1976, las cargas para las municiones nucleares usadas con fines no militares fue limitada a 150 kilotones por detonación y a un máximo de 1.5 megatón por grupo de explosiones.

De esta manera, la industria de demolición nuclear encaja dentro de estos parámetros: en el caso de la demolición en el WTC, fue posible usar tantas cargas como fueran necesarias pero sin exceder los 150 kilotones por carga. Por eso el esquema de demolición del WTC consistió de tres cargas de esas que sumaron una carga total de 450 kilotones. Para aquellos que no se imaginan la potencia de 150 kilotones, es bueno recordarles que la potencia de una bomba arrojada sobre Hiroshima en 1945 era menor a los 20 kilotones.

Deje su comentario en La demolición atómica y nuclear de las Torres Gemelas (11 de septiembre de 2001)

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