Las respuestas a las objeciones más comunes contra el Sedevacantismo


Por el Hno. Miguel Dimond y Hno. Pedro Dimond (del libro La verdad de lo que realmente le ocurrió a la Iglesia Católica después del Vaticano II)

 

15ª objeción: La Iglesia y la jerarquía siempre serán visibles. Si la Iglesia del Vaticano II no es la verdadera Iglesia católica, entonces la Iglesia y la jerarquía ya no son visibles.

 

Respuesta: 1) Las personas malinterpretan qué es lo que consiste la visibilidad de la Iglesia, 2) la secta del Vaticano II no puede ser la Iglesia visible de Cristo, y 3) la secta Vaticano II niega esta misma enseñanza sobre la visibilidad de la Iglesia.

 

Nadie niega que la Iglesia católica pueda dejar de existir en todos los países del mundo, a excepción de uno. La visibilidad de la Iglesia no requiere que los fieles o la jerarquía sean vistos en cada lugar geográfico del mundo entero. Esto nunca ha sido el caso. En términos más simples, la visibilidad de la Iglesia significa que haya verdaderos fieles católicos que profesan externamente la única religión verdadera, incluso si son reducidos a un número muy pequeño. Estos fieles que profesan externamente la única religión verdadera siempre serán la Iglesia visible de Cristo, aun cuando su cantidad sea reducida a sólo un puñado.

 

Y esto es precisamente lo que está predicho que ocurrirá en el fin del mundo.

 

San Atanasio: “Los católicos que se mantienen fieles a la Tradición aún si ellos son reducidos a un manojo, ellos son la verdadera Iglesia de Jesucristo”[1].

 

Nuestro Señor mismo nos indica que el número de la Iglesia será terriblemente pequeño en los últimos días.

 

Lucas 18, 8: “Mas cuando viniere el Hijo del Hombre, ¿pensáis que hallará fe en la tierra?

 

En el Apocalipsis de San Juan parece indicarnos lo mismo.

 

Apocalipsis 11, 1-2:
“Entonces se me dio una caña a manera de una vara, y se me dijo: Levántate y mide el templo de Dios, y el altar, y los que adoran en él; pero el atrio exterior del templo, déjalo fuera, y no lo midas, por cuanto está dado a los gentiles…”.

 

La versión Haydock católica inglesa de la Biblia de Douay-Rheims, una colección popular de comentarios católicos sobre las Escrituras escrito por el Rev. P. Geo. Leo Haydock, contiene el siguiente comentario sobre el Apoc. 11, 1-2.

 

Comentario católico de Pastorini sobre el Apoc. 11, 1-2, Versión Haydock católica inglesa de la Biblia de Douay-Rheims: “Las iglesias consagradas al Dios verdadero, son tan reducidas en número, que son representadas por San Juan como una única iglesia; sus ministros ofician en un altar, y todos los fieles verdaderos son tan pocos, con respecto a la mayor parte de la humanidad, que el evangelista los ve reunidos en un solo templo, para presentar sus adoraciones al Altísimo[2].

 

El magisterio de la Iglesia católica nunca ha enseñado que siempre debe haber un cierto número de obispos o fieles para que exista la Iglesia. Siempre que haya por lo menos un sacerdote o un obispo y al menos unos pocos fieles, la Iglesia y la jerarquía estarán vivas y visibles. Hoy en día son muchos más que un manojo los fieles que sostienen la fe católica inmutable. Por lo tanto, el argumento de nuestros adversarios desde la perspectiva de la visibilidad carece de mérito y es contraria a las profecías de la Sagrada Escritura.

Además, durante la crisis arriana (siglo IV) la verdadera fe desapareció en regiones enteras, tanto así, que casi no se encontraban obispos católicos en ningún lugar.

 

P. William Jurgens: “En un momento de la historia de la Iglesia,  sólo unos años antes de la presente predicación de Gregorio [Nacianceno] (380 d.C.), quizás el número de obispos católicos en posesión de sus diócesis, a diferencia de obispos arrianos en posesión de sus diócesis, no era mayor al 1% y 3% en totalSi la doctrina hubiera sido determinada por la mayoría, hoy seríamos todos negadores de Cristo y opositores del Espíritu[3].

 

P. William Jurgens: “En la época del emperador Valente (siglo IV), Basilio era prácticamente el único obispo ortodoxo en todo Oriente que tuvo éxito en conservar el cargo de su diócesis (…) Si no le importa al hombre moderno saber la historia del arrianismo, por lo menos no debería desconocer que la Iglesia Católica no toma en cuenta la popularidad y el número para determinar y conservar la doctrina: de otro modo, hubiéramos abandonado a Basilio, Hilario, Atanasio, Liberio y Osio y nos llamaríamos arrianos”[4].

 

La herejía arriana se extendió tanto en el siglo IV que los arrianos (quienes negaban la divinidad de Cristo) llegaron a ocupar casi todas las iglesias católicas, por lo que en todas partes parecía que sólo ellos eran la legítima jerarquía.

 

San Ambrosio (+382): “No hay para mí suficientes horas del día como para enumerar los nombres de todas las diversas sectas de los herejes[5].

 

Las cosas estaban tan mal en aquella época que San Gregorio Nacianceno se vio obligado a decir lo que muy bien se podría decir hoy en día respecto del remanente católico.

 

San Gregorio Nacianceno, “Contra los arrianos”, (+380): “¿Dónde están los que nos insultan por nuestra pobreza y se enorgullecen de sus riquezas? ¿Esos que definen a la Iglesia por números y desprecian al rebaño pequeño?[6].

 

Por lo tanto, este período de la historia de la Iglesia prueba un punto importante para nuestro tiempo: si la misión indefectible de la Iglesia de enseñar, gobernar y santificar requiere un obispo gobernante (es decir, con jurisdicción) para que la Iglesia de Cristo esté presente y operante en una sede o diócesis en particular, entonces uno tendría que decir que la Iglesia de Cristo había desaparecido en todos aquellos territorios donde no hubo un obispo católico que gobernare durante la herejía arriana. Sin embargo, es un hecho que en el siglo IV, en los lugares donde los fieles conservaron la verdadera fe católica, incluso en aquellas sedes donde el obispo era arriano, el remanente de fieles católicos constituía la verdadera Iglesia visible de Cristo. En ese remanente, la Iglesia católica existió y perseveró en su misión de enseñar, gobernar y santificar sin un obispo gobernante, lo que demuestra que la indefectibilidad de la Iglesia de Cristo y su misión de enseñar, gobernar y santificar no requiere necesariamente de la presencia de un obispo con legítima jurisdicción.

 

También hay que señalar que la jerarquía se puede definir de dos maneras: jerarquía jurisdiccional y jerarquía eclesiástica([7]).

 

Papa Pío XII, Ad sinarm gentum, # 13, 7 de octubre de 1954: “Además – lo que del mismo modo ha sido establecido por disposición divina – a la potestad de orden (en virtud de la cual la jerarquía eclesiástica se halla compuesta de obispos, sacerdotes y ministros) se accede recibiendo el sacramento del orden sagrado[8].

 

Sólo aquellos que tengan jurisdicción ordinaria (es decir, jurisdicción que se adjunta a un oficio) constituyen la jerarquía jurisdiccional. Por otro lado, todo sacerdote católico válido constituye parte de la jerarquía eclesiástica. Es posible entonces que la jerarquía siga existiendo mientras haya jerarquía eclesiástica.

 

Los anti-sedevacantistas que plantean esta objeción no pueden identificar a un verdadero obispo católico con jurisdicción ordinaria. Pues, ¿a quién van a señalar? ¿Al “obispo” Bruskewitz, que en su propia catedral realizó una Séder Pascual interreligiosa con un grupo de rabinos durante la Semana Santa?([9])  ¿Van a señalar al “cardenal” Mahony o al “cardenal” Keeler?

 

Si fuera verdadero que debe haber un obispo con jurisdicción ordinaria en algún lugar (cosa que no se ha demostrado), entonces él estaría en algún lugar. Pero ello no cambia el hecho de que Benedicto XVI y sus obispos apóstatas sean no católicos y, por lo tanto, no formen parte de la jerarquía. Frente a un hecho, no hay argumento; por lo tanto, contra este hecho, no hay argumento.

Por último, y quizás lo más importante, ¡la secta del Vaticano II rechaza la visibilidad de la Iglesia católica, lo que demuestra una vez más que no es la verdadera Iglesia católica visible!

 

Documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio, # 1:
“Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso, suspiran por una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios”[10].

 

¿Recuerdan esta herejía aludida en capítulos anteriores? Al comienzo de su Decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II enseña que casi todo el mundo suspira por una Iglesia verdaderamente universal y visible, cuya misión es convertir al mundo con el Evangelio. Una vez más, para aquellos que dudan de que el Vaticano II está negando aquí la existencia de la Iglesia católica, veamos cómo interpreta ese pasaje el antipapa Juan Pablo II.

 

Juan Pablo II, Homilía, 5 de diciembre de 1996, hablando sobre la oración con los no católicos: “Cuando oramos juntos, lo hacemos con el deseo de ‘una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universaly enviada a todo el mundo, para que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios’ (Unitatis redintegratio, 1)”.

 

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 7, 25 de mayo de 1995: “No obstante, casi todos, aunque de manera diferente, aspiran a una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, a fin de que el mundo se convierta al Evangelio y así se salve para gloria de Dios (documento del Vaticano II Unitatis redintegratio, 1)”[11].

 

Así que, si usted acepta la enseñanza de la Iglesia sobre su visibilidad, esa es una razón más por la cual se debe rechazar la secta del Vaticano II y a sus antipapas.

 

Por cierto, la idea de una Iglesia invisible – enseñada por la secta del Vaticano II – ha sido condenada por lo menos tres veces: Papa León XIII, Satis cognitum, # 3, 29 de junio 1896([12]); Papa Pío XI, Mortalium animos, # 10, 6 de enero 1928([13]); Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi, # 64, 29 de junio de 1943([14]).

 

Papa León XIII, Satis cognitum,# 3, 29 de junio de 1896:
“’Sois el cuerpo de Cristo’ (1 Cor. 12, 27). Porque la Iglesia es un cuerpo visible, (…) De aquí se sigue que están en un pernicioso error los que, haciéndose una Iglesia a medida de sus deseos, se la imaginan como oculta y en manera alguna visible…”[15].

 

Por otra parte, hay un dato interesante sobre la crisis de la querella por las investiduras laicas (1075-1122). Durante esta crisis, el malvado rey de Alemania, Enrique IV, instituyó a un antipapa (que fue apoyado por muchos obispos alemanes). Enrique también nombró a sus obispos que también se sometieron al antipapa. El resultado fue que había dos obispos en casi todas las diócesis y con ello una gran confusión.

 

Enciclopedia Católica, vol. 8, 1910, “Investiduras”, p. 86: “Ahora había mucha confusión en todas partes, (…) Muchas diócesis tenían dos ocupantes. Ambos partidos llamaban a sus rivales perjuros y traidores…”[16].

 

El punto es que, al igual como actualmente estamos frente a una apostasía sin precedentes, la Iglesia ha atravesado en el pasado por épocas confusas, incluyendo aquellas en que era difícil identificar a la verdadera jerarquía.

 

Notas:

[1]  Coll. Selecta SS. Eccl. Patrum, Caillu y Guillou, vol. 32, pp. 411-412.

[2]  The Douay-Rheims New Testament with a Catholic Commentary [La Biblia [inglesa] de Douay-Rheims del Nuevo Testamento con un comentario católico], edición inglesa, por Rev. Leo Haydock, Monrovia, CA: Catholic Treasures, 1991, p. 1640.

[3]  Jurgens, The Faith of the Early Fathers [La Fe de los Padres Primitivos], edición inglesa, Collegeville, MN: The Liturgical Press, 1970, vol. 2, p. 39.

[4]  Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 2, p. 3.

[5]  Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 2, p. 158.

[6]  Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 2, p. 33.

[7]  Donald Attwater, A Catholic Dictionary, edición inglesa, “Hierarchy” [Jerarquía], Tan Books, p. 229.

[8]  The Papal Encyclicals, vol. 4 (1939-1958), p. 267.

[9]  Catholic Family News [Noticiero para Familias Católicas], enero de 1999.

[10]  Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, p. 908.

[11]  The Encyclicals of John Paul II [Las Encíclicas de Juan Pablo II], edición inglesa, Huntington, IN: Our Sunday Visitor Publishing Division, 1996, p. 918.

[12]  The Papal Encyclicals, vol. 2 (1878-1903), p. 388.

[13]  The Papal Encyclicals, vol. 3 (1903-1939), p. 317.

[14]  The Papal Encyclicals, vol. 4 (1939-1958), p. 50.

[15]  The Papal Encyclicals, vol. 2 (1878-1903), p. 388.

[16]  The Catholic Encyclopedia, edición inglesa, vol. 8, 1910, “Investitures” [investiduras], p. 86.

 

 

16ª OBJECIÓN

Los Papas del Vaticano II no han enseñado herejía manifiesta porque sus declaraciones son ambiguas y requieren ser comentadas/interpretadas.

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