Fuera de la Iglesia Católica no hay Ninguna Salvación


por Hno. Pedro Dimond O.S.B.

 

16. Objeciones principales

 

-SESIÓN 6, CAP. 4 DEL CONCILIO DE TRENTO-

 

OBJECIÓN – ¡En la sesión 6, capítulo 4 de su decreto sobre la justificación, el Concilio de Trento enseña que la justificación se puede realizar por el agua del bautismo o su deseo! ¡Ahí lo tenéis!

 

RESPUESTA – [Nota preliminar: Si la sesión 6, cap. 4 de Trento enseñara lo que afirman los defensores del bautismo de deseo (cosa que lo no es), entonces significaría que todo hombre debe recibir el bautismo o por lo menos tener el real deseo/voto de recibir bautismo para salvarse. Esto significaría que sería una herejía decir que todo aquel que no estuviere bautizado podría salvarse si por lo menos no tuviese el deseo/voto por el bautismo de agua. ¡Pero el 99% de los que citan este pasaje a favor del bautismo de deseo ni siquiera creen que se deba desear el bautismo para ser salvo! Ellos creen que los judíos, budistas, hindúes, musulmanes, etc. que no desean el bautismo se pueden salvar. Por lo tanto, el 99% de los que citan este pasaje rechazan incluso lo que ellos afirman que Trento enseña. Francamente, este sólo hecho demuestra la deshonestidad y la mala voluntad de la mayoría de los defensores del bautismo de deseo en su intento de citar este pasaje como si ellos fueran fieles a su enseñanza cuando, en realidad, ellos no creen en absoluto en ella y están en herejía al enseñar que los no católicos se pueden salvar sin siquiera desear el bautismo de agua].

 

      Habiendo hecho esta observación, este pasaje del Concilio de Trento no enseña que la justificación pueda ocurrir por el agua del bautismo o el deseo de él. El pasaje dice que la justificación en los impíos NO PUEDE OCURRIR SIN el agua del bautismo o su deseo. Esto es totalmente diferente de la idea de que la justificación puede ocurrir por el agua del bautismo o su deseo.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 6, cap. 4: “Por las cuales palabras se insinúa la descripción de la justificación del impío, de suerte que sea el paso de aquel estado en que el hombre nace hijo del primer Adán, al estado de gracia y de adopción de hijos de Dios (Rom. 8, 15) por el segundo Adán, Jesucristo Salvador nuestro; paso, ciertamente, que después de la promulgación del Evangelio, NO PUEDE OCURRIR SIN el lavatorio de la regeneración (can. 5 sobre el bautismo) o su deseo, SEGÚN ESTÁ ESCRITO: Quien no es renacido del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3, 5)”[1].

 

      Primero que nada, el lector debe notar que este crucial pasaje de Trento ha sido mal traducido en la versión popular inglesa del Denzinger, The Sources of Catholic Dogma [El Magisterio de la Iglesia], antes citado. [N. del t.: Aunque este problema no aparece en la versión española del Denzinger, aún así traduciré esta sección para una comprensión más amplia de este pasaje de Trento y cuál es la mala traducción promovida por los herejes].

 

      La frase crítica “el paso (…) después de la promulgación del Evangelio, no puede ocurrir sin el lavatorio de la regeneración o su deseo” ha sido mal traducida como: “el paso (…) después de la promulgación del Evangelio, no puede ocurrir sino a travésdel lavatorio de la regeneración o su deseo…”. Este error de traducción de la palabra latina “sine” (sin) – que se encuentra en el latín original([2]) – a “sino a través” altera por completo el significado del pasaje para favorecer el error del bautismo de deseo. Esto es importante tener en cuenta ya que este error de traducción sigue siendo utilizado por los apologistas del bautismo de deseo (a menudo deliberadamente), incluso en publicaciones recientes de la FSSPX y la CMRI. Hecha esta observación, procederé a discutir lo que en realidad el Concilio dice aquí.

 

      Al recurrir a una correcta traducción, que se encuentra en muchos libros, el lector también debe notar que, en este pasaje, el Concilio de Trento enseña que Juan 3, 5 debe tomarse como según está escrito (latín: sicut scriptum est), lo que excluye cualquier posibilidad de salvación sin renacer del agua en el sacramento del bautismo. No hay manera que el bautismo de deseo pueda ser cierto si Juan 3, 5 debe tomarse como según está escrito, porque Juan 3, 5 dice que todo hombre debe renacer del agua y del Espíritu Santo para salvarse, que es lo que niega la teoría del bautismo de deseo. La teoría del bautismo de deseo y una interpretación de Juan 3, 5 como según está escrito son mutuamente excluyentes (ambas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo) – y todos los defensores del bautismo de deseo admiten esto –. Es por eso que todos ellos tienen – y lo hacen – que optar por una interpretación no literal de Juan 3, 5.

 

P. Francois Laisney (creyente en el bautismo de deseo), ¿El Feeneyismo es Católico?, p. 33: “El mejor argumento del P. Feeney era que las palabras de nuestro Señor ‘Quien no renaciera del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios’ (Juan 3, 5) significa la necesidad absoluta del bautismo de agua sin ninguna excepción. (…) La gran pregunta es, entonces, ¿cómo explica la Iglesia estas palabras de nuestro Señor?”.

 

      El P. Laisney, un fiero defensor del bautismo de deseo, admite aquí que Juan 3, 5 no se puede entender como según está escrito si el bautismo de deseo es verdadero. Él, por lo tanto, sostiene que la verdadera comprensión de Juan 3, 5 es que este no se aplica literalmente a todos los hombres; es decir, Juan 3, 5 no debe ser entendido como según está escrito. Pero ¿cómo entiende la Iglesia católica estas palabras? ¿Qué dice el pasaje de Trento que acabamos de discutir?:  Él dice infaliblemente, “SEGÚN ESTÁ ESCRITO,QUIEN NO ES RENACIDO DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU SANTO, NO PUEDE ENTRAR EN EL REINO DE DIOS”.

 

      Pero ¿qué hay de los que reivindican el bautismo de deseo?: que el uso de la palabra “o” (en latín: aut) en el pasaje anterior significa que la justificación puede ocurrir por el agua del bautismo o su deseo. Una mirada cuidadosa de la traducción correcta de este pasaje muestra que esta afirmación es falsa. Suponga que yo dijera, “Esta ducha no puede ocurrir sin el agua o el deseo de tomar una”. ¿Significa esto que una ducha puede ocurrir por el deseo de tomar una ducha? No. Significa que ambas (el agua y el deseo) son necesarias.

 

      O supongamos que yo dijera, “No puede haber una boda sin una novia o un novio”. ¿Significa esto que puede haber una boda con un novio y sin una novia? Por supuesto que no. Significa que ambos son necesarios para la boda. Se pueden dar cientos de otros ejemplos. Asimismo, el pasaje antes citado de Trento dice que la justificación NO PUEDE OCURRIR SIN el agua o el deseo; en otras palabras, que ambos son necesarios. ¡No dice que la justificación ocurre ya sea porel agua o el deseo!

 

AUT (“O”) EN EL CONTEXTO DE LOS CONCILIOS SE USA PARA SIGNIFICAR “Y”

 

      De hecho, la palabra latina aut (“o”) se utiliza de forma similar en otros pasajes del Concilio de Trento y de otros Concilios. En la famosa bula Cantate Domino del Concilio de Florencia, encontramos la palabra latina aut (“o”) usada en un contexto que sin duda hace que signifique “y”.

 

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra:
“[La Santa Iglesia romana] firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos [aut] o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irán al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mat. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica”[3].

 

      Aquí vemos al Concilio de Florencia usando la palabra “o” (aut) en un significado que equivale a “y”. El Concilio declara que no sólo los paganos, sino también judíos o (aut) herejes y cismáticos no pueden salvarse. ¿Esto significa que o los judíos o los herejes se salvarán? Por supuesto que no. Claramente significa que ningún judío y ningún hereje se pueden salvar. Por lo tanto, este es un ejemplo de un contexto en que la palabra latina aut (o) sí tiene un significado que es claramente “y”. Este ejemplo prueba absolutamente que la palabra latina aut puede ser, y ha sido usada en declaraciones solemnes magisteriales en la manera que estamos diciendo que se ha utilizado en la sesión 6, cap. 4 de Trento.

 

      En el proemio del decreto sobre la justificación, el Concilio de Trento prohíbe estrictamente que nadie “crea, predique o enseñe” (credere, praedicare aut docere) de otro modo que esté definido y declarado en el decreto sobre justificación.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 6, Proemio: “… prohibiendo con todo rigor que nadie en adelante se atreva a creer, predicar o enseñar de otro modo que como por el presente decreto se establece y declara”[4].

 

      ¿“O” (aut) en este pasaje significa que sólo está prohibido predicar en contra del decreto del Concilio sobre la justificación, pero se permite enseñar contrario a él? No, obviamente “o” (aut) significa que tanto la predicación y la enseñanza están prohibidas, al igual que en el capítulo 4 arriba “o” significa que la justificación no puede ocurrir sin el agua y el deseo. Otro ejemplo del uso de aut para significar “y” (o “ambos”) en Trento se encuentra en la sesión 21, cap. 2, el decreto sobre la comunión bajo las dos especies (Denz. 931).

 

Papa Pío IV, Concilio de Trento, sesión 21, cap. 2: “Por eso, la santa Madre Iglesia (…) decretó fuera tenida por ley, que no es lícito rechazar o a su arbitrio cambiar, sin la autoridad de la misma Iglesia”[5].

 

      ¿Significa aut en esta declaración que el decreto del Concilio no puede ser rechazado, pero puede ser cambiado? No, obviamente significa que tanto un rechazo y un cambio están prohibidos. Este es otro ejemplo de cómo la palabra latina aut puede ser usada en contextos que hacen que su significado sea “y” o “ambos”. Y estos ejemplos, si tenemos en cuenta la redacción del pasaje, refutan la afirmación de los partidarios del bautismo de deseo: que el significado de aut en capítulo 4, sesión 6 es el que favorece el bautismo de deseo.

 

      Pero ¿por qué Trento define que el deseo del bautismo, junto con el bautismo, es necesario para la justificación? En el pasado no respondimos esta pregunta tan bien como podríamos, porque pensábamos que la sesión 6, cap. 4 estaba distinguiendo entre los adultos y los infantes. Pero un estudio más profundo del pasaje revela que en este capítulo Trento está definiendo lo que es necesario para la iustificationis impii([6]) – la justificación del impío (véase la cita arriba). Los impii (“impíos”) no refiere a los infantes – quienes son incapaces de cometer pecados actuales (Trento, sesión V, Denz. 791). La palabra “impii” en latín es en realidad una palabra muy fuerte, según un latinista a quien he consultado, y él está de acuerdo en que es demasiada fuerte para describir a un infante que tiene el sólo pecado original. A veces se traduce como “malvado” o “pecador”. Por lo tanto, en este capítulo, Trento está tratando de los mayores de la edad de la razón que han cometido pecados actuales, y para esas personas el deseo del bautismo es necesario para la justificación. De hecho, en los próximos capítulos de Trento sobre la justificación (caps. 5-7) son todos acerca de la justificación de los adultos, demostrando así que el contexto es sobre la justificación de los pecadores adultos, especialmente cuando se considera la palabra impii. Es por eso que el capítulo declara que la justificación no puede ocurrir sin el agua de bautismo o su deseo (ambos son necesarios).

 

Catecismo del Concilio de Trento, Del bautismo – Disposiciones para el bautismo, p. 180: “DISPOSICIONES – (…) En primer lugar, es necesario que deseen y estén resueltos a recibir el bautismo”[7].

 

UN EMAIL INTERESANTE SOBRE ESTE PASAJE DE TRENTO

 

      Curiosamente, se me ocurrió enviar por email una pregunta a una latinista de Inglaterra sobre este pasaje del Concilio de Trento y el uso de la palabra “o” (aut), sólo para saber qué pensaba ella. Yo ni siquiera conozco a esta persona a quien le envié un email, y no creo que ella sea católica. Ella es una erudita latinista de Oxford y creo que ella respondió honesta e imparcialmente. Su respuesta es muy interesante y muy importante, especialmente para aquellas personas que están convencidas de que el Concilio de Trento enseñó  el “bautismo de deseo”. Le escribí lo siguiente:

 

“El pasaje en latín es el siguiente: quae quidem translatio (…) sine lavacro regenerationis aut eius voto fieri non potest...”.

 

”Se traduce como sigue: ‘Esta transición (…) no puede ocurrir sin el lavatorio de la regeneración o su deseo’”.

 

”Esto dice literalmente que la transición no puede ocurrir sin el lavatorio de la regeneración o un deseo de él (lo que significa que se deben tener ambos). No dice que puede ocurrir con cualquiera de los dos, ¿no le parece? ¿No equivale a decir: Esta ducha no puede ocurrir sin agua o el deseo de tomar una (significando que ambos son necesarios); y no es equivalente a decir: este artículo no se puede escribir sin lápiz o papel (significando que ambos son necesarios)? Se puede entender el aut de esta manera en latín, ¿qué piensa usted?

 

”Cualquier consideración que usted tenga me sería muy interesante. Gracias”.

 

Y ella respondió, el 1 de diciembre de 2003 lo siguiente:

 

“¡Esto no es fácil! Es posible entenderlo de ambas maneras, con aut como “o” y como “y”.
Aut como “o” es más común, pero aquí la interpretación depende de si usted cree que el deseo del bautismo es suficiente por sí sólo o si la frase significa que se necesita tener el deseo además del sacramento mismo.
”¡Le dejo a usted que decida!
”Mis mejores deseos,
Carolinne White
LATÍN DE OXFORD”.

 

      La declaración de la Sra. White es muy importante y muy interesante ya que muestra que, en su opinión profesional como académica latinista, el pasaje que usa “o” (aut) ¡definitivamente puede leerse como “y”, algo que muchos de los defensores del bautismo de deseo rechazan como absolutamente imposible! Ella además admite que la interpretación depende de si uno cree que el deseo del bautismo es suficiente – ¡una declaración muy honesta por su parte, creo yo! Y ella dice esto sin que yo le diese el resto del contexto; a saber, donde el Concilio de Trento declara, inmediatamente después de usar las palabras “o su deseo”, que Juan 3, 5 debe ser entendido como según está escrito.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 6, cap. 4: “[la justificación]… no puede ocurrir sin el lavatorio de la regeneración o su deseo, SEGÚN ESTÁ ESCRITO: Quien no es renacido del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3, 5)[8].

 

      El punto es, por tanto, que, al menos, todos los defensores del bautismo de deseo deben admitir que este pasaje se puede leer en ambos sentidos, y por lo tanto, que el entendimiento depende de si uno cree que el deseo del bautismo es suficiente o no. Pero si un defensor del bautismo de deseo admite (como debe, si es honesto) que este pasaje no puede enseñar el bautismo de deseo, entonces él está admitiendo que el entendimiento debe inferirse no solo del contexto inmediato (el cual afirma Juan 3, 5 según está escrito y por lo tanto excluye el bautismo de deseo), sino también de todas las otras declaraciones sobre el bautismo y la justificación en Trento. ¿Y qué dicen todos los otros pasajes de Trento sobre la necesidad del bautismo? ¿Enseñan un entendimiento abierto al bautismo de deseo, o excluyen toda salvación sin el bautismo de agua? La respuesta es innegable.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 7, canon 5 sobre el sacramento del bautismo, ex cathedra: “Si alguno dijere que el bautismo [el Sacramento] es libre, es decir, no necesario para la salvación (Juan 3, 5), sea anatema[9].

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, del pecado original, sesión V, ex cathedra: “Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte (…) para que en ellos por la regeneración se limpie lo que por la generación contrajeron. Porque quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3, 5)[10].

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, canon 2 sobre el sacramento del bautismo, sesión 7, ex cathedra: “Si alguno dijere que el agua verdadera y natural no es necesaria en el bautismo y, por tanto, desviare a una especie de metáfora las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: ‘Quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo’ [Juan 3, 5], sea anatema[11].

 

      La interpretación de “o” en la sesión 6, cap. 4 como “y” no sólo es posible (como la Sra. White admite), sino que es perfectamente compatible con todas estas definiciones infalibles, mientras que la interpretación de “o” en el sentido de bautismo de deseo es incompatible con todas estas definiciones, sin mencionar (lo más importante) las palabras según está escrito, quien no es renacido del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”, que siguen inmediatamente  después de “o su deseo” y en la misma frase.

 

      La interpretación de “o” en el sentido de bautismo de deseo también es incompatible con la enseñanza del Concilio de Florencia sobre Juan 3, 5, y no puede haber falta de armonía entre los concilios dogmáticos.

 

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo”, 22 de Noviembre 1439, ex cathedra: “El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es la puerta de la vida espiritual pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en todos, ‘quien no renacemos por el agua y el Espíritu’, como dice la Verdad, ‘no podemos entrar en el reino de los cielos’ [Juan 3, 5]. La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural”[12].

 

      La interpretación de “o” en el sentido de bautismo de deseo es también incompatible con la definición extensiva del Concilio de Trento solo tres capítulos posteriores sobre las causas de la justificación. Solo tres capítulos más adelante, el Concilio enumera cuatro causas para la justificación de los impíos.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 6, cap. 7, las Causas de la justificación: “Las causas de esta justificación son: la final, la gloria de Dios y de Cristo (…) la eficiente, Dios misericordioso (…) la meritoria, su Unigénito muy amado (…) la instrumental, el sacramento del bautismo, que es el ‘sacramento de la fe’, sin la cual a nadie se le concedió la justificación (…) Esta fe, por tradición apostólica, la piden los catecúmenos a la Iglesia antes del bautismo al pedir la fe y la vida eterna…”[13].

 

      Al enumerar todas las causas de justificación, ¿por qué el Concilio no mencionó la posibilidad del “bautismo de deseo”? Tuvo una gran oportunidad para hacerlo, del mismo modo que enseña claramente no menos de tres veces que las gracias del sacramento de penitencia se pueden alcanzar por el deseo de ese sacramento (sesión 14, cap. 4; y dos veces en sesión 6, cap. 14). Pero el “bautismo de deseo” no se menciona en ninguna parte, simplemente porque no es verdad. Y además, es interesante considerar que la palabra “deseo” no aparece en el capítulo 7 sobre las causas de la justificación, sino en capítulo 4 donde el concilio trata de lo que no puede faltar en la justificación de los impíos(es decir, ni el agua ni el deseo pueden faltar en la justificación de los impíos).

 

      Pero algunos dirán: “Puedo ver su punto y no puedo negarlo, pero ¿por qué el pasaje no usó la palabra “y” en lugar de “o”; habría sido entonces más claro?”. Esta pregunta se responde mejor al considerar una serie de cosas:

 

      En primer lugar, debe recordarse que el pasaje describe que la justificación NO PUEDE OCURRIR SIN (es decir, lo que no puede faltar en la justificación); pero no dice que la justificación sí puede ocurrir ya sea por el agua o el deseo.

 

      En segundo lugar, el Concilio no tuvo que usar “y” porque “o” puede significar “y” en el contexto de palabras que figuran en el pasaje, como ya se ha mostrado.

 

      En tercer lugar, quienes hacen esta pregunta deben considerar otra, a saber: Si el bautismo de deseo es cierto y fuera la enseñanza de Trento, ¿por qué el Concilio no dijo en ningún lugar (cuando tuvo tantas oportunidades de hacerlo) que puede haber justificación sin el sacramento o antes de recibir el sacramento como tan clara y repetidamente lo hizo en relación al sacramento de la penitencia? Esta asombrosa omisión simplemente confirma los puntos que he hecho anteriormente, porque si el pasaje significara el bautismo de deseo, lo hubiera dicho (es obvio que ello es porque el Espíritu Santo no permitió que el Concilio enseñase el bautismo de deseo en sus numerosas declaraciones sobre la necesidad absoluta del bautismo).

 

      En cuarto lugar, la pregunta anterior se responde mejor con un ejemplo paralelo: En 381, el Concilio de Constantinopla definió que el Espíritu Santo procede del Padre. El Concilio no dijo que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. La omisión de las palabras “y del Hijo” (filioque en latín) hizo que muchos millones concluyesen erróneamente que el Espíritu Santo no procede del Hijo, una herejía que fue posteriormente condenada por la Iglesia. Si el Concilio de Constantinopla hubiese simplemente incluido esa pequeña declaración, que el Espíritu Santo también procede del Hijo, se habrían evitado más que mil años de controversia con los cismáticos orientales – una controversia que aún continúa en nuestros días. Esa pequeña frase (“y del Hijo”), si se hubiera incluido en Constantinopla, probablemente habría impedido que millones de personas saliesen de la Iglesia católica y abrasasen la “ortodoxia” oriental, porque los “ortodoxos” orientales piensan y todavía creen que la enseñanza de la Iglesia católica de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo es contraria al Concilio de Constantinopla, que se limitó a decir que el Espíritu Santo procede del Padre.

 

      Entonces, ¿el Concilio de Constantinopla se equivocó? Por supuesto que no. ¿Pero Constantinopla pudo haber sido más claro al añadir esa pequeña frase que habría eliminado una controversia? Por supuesto. Entonces, ¿por qué Dios permitió que se produzca esta controversia, cuando Él pudo evitarla con sólo inspirar a los Padres del Concilio de Constantinopla en 381 que incluyesen esa pequeña frase? La respuesta es que debe haber herejías.

 

1 Cor., 11, 19: “Pues es necesario que haya también herejías, para que los que son aprobados, sean manifiestos entre vosotros”.

 

      Dios permite que surjan herejías con el fin de ver quién va a creer en la verdad y quién no, para ver quién busca la verdad con sinceridad y quién pervierte los hechos para satisfacer con sus propios deseos heréticos. Dios nunca permite que sus Concilios, como el de Constantinopla y de Trento, enseñen error alguno, pero Él puede permitir que la verdad sea dicha de manera que pueda dar la oportunidad de torcer y pervertir el significado de las palabras usadas, si ellos lo desean (sin la intención de juego de palabras), como lo hicieron los cismáticos orientales en relación a la omisión de Constantinopla en la frase: y del Hijo.

 

      De hecho, ni siquiera importa si algunos de los Padres conciliares de Constantinopla creyesen que el Espíritu Santo no procede del Hijo; y probablemente hubo algunos que no creían que el Espíritu Santo procede del Hijo. Lo único que importa es lo que en realidad declaró el Concilio de Constantinopla, una declaración que no dice nada contrario al hecho de que el Espíritu Santo sí procede del Hijo. Las intenciones de los Padres conciliares de Constantinopla o de cualquier otro Concilio no tienen nada que ver con la infalibilidad papal. Lo único que importa es que el dogma real aprobado por el Papa sea declarado o finalizado en una profesión de fe.

 

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, sesión 3, cap. 2 sobre la revelación, 1870, ex cathedra: “De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia”[14].

 

      Interesante es en este sentido el hecho que numerosos Papas señalan que en el canon 28 del Concilio de Calcedonia, los Padres de Calcedonia elaboraron un canon que elevó el status del obispo de Constantinopla. Los padres del Concilio de Calcedonia, por lo tanto, intentaron elevar el status de la Sede de Constantinopla en la elaboración del canon 28. Sin embargo, el canon fue rechazado por el Papa León Magno en su confirmación de los actos de Calcedonia, y por lo tanto se consideró sin valor.

 

Papa León XIII, Satis cognitum, # 15, 29 de junio de 1896: “El vigésimo octavo canon del concilio de Calcedonia, desprovisto de la aprobación y de la autoridad de la Sede Apostólica, ha quedado, como todos saben, sin vigor ni efecto[15].

 

      Esto demuestra que la intención o los pensamientos de los Padres de un concilio ecuménico no tienen valor sin la aprobación del Papa. Lo único que importa es lo que declara realmente la Iglesia. Por lo tanto, el hecho de que algunos de los Padres de Trento – e incluso eminentes y santos teólogos después de Trento – piensen que el antedicho pasaje de Trento enseñó el bautismo de deseo no significa nada; porque los Padres en Calcedonia también pensaron que el Concilio estaba elevando el status de Constantinopla, cuando no fue así; y algunos de los Padres de Constantinopla probablemente pensaron que el Concilio estuvo negando que el Espíritu Santo procede del Hijo, cuando no fue así. El punto esencial es que sólo importan aquellas cosas que son declaradas por los Concilios y finalmente aprobadas – nada más. Y el pasaje citado de Trento no enseña el bautismo de deseo; no enseña que el deseo justifica sin el bautismo; y él no contiene error.

 

      El hecho es que Dios se aseguró que las palabras “según está escrito” fueran incluidas en esa misma frase para asegurar que el Concilio no estaba enseñando el bautismo de deseo por su redacción en este pasaje. El pasaje por tanto enseña – según está escrito – quien no es renacido del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Y si lo que dicen los defensores del bautismo de deseo fuera correcto, entonces tendríamos que lo que enseña el Concilio en la primera parte de la frase, que Juan 3, 5 no debe ser entendida según está escrito (que a veces el deseo es suficiente), ¡mientas que se contradice en la segunda parte de la frase diciéndonos que tomemos a Juan 3, 5 según está escrito (sicut scriptum est)! Pero esto es absurdo, por supuesto. Los que insisten obstinadamente que este pasaje enseña el bautismo de deseo están simplemente equivocados y están contradiciendo las propias palabras que figuran en el pasaje de Juan 3, 5. La inclusión de “SEGÚN ESTÁ ESCRITO, quien no es renacido del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3, 5)” muestra la perfecta armonía de ése pasaje de Trento con todos los otros pasajes de Trento y los otros Concilios que afirman la necesidad absoluta del bautismo de agua sin excepción.

 

 

Notas:

[1] Denzinger 796; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, p. 672.

[2] El latín encontrado en el Enchiridion Symbolorum editado por Denzinger, edición latina, 1937, no. 796.

[3] Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 578; Denzinger 714.

[4] Denzinger 792a.

[5] Denzinger 931.

[6] El latín encontrado en el Enchiridion Symbolorum editado por Denzinger, edición latina, 1937, no. 796.

[7] The Catechism of the Council of Trent, edición inglesa, p. 180.

[8] Denzinger 796; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, p. 672.

[9] Denzinger 861; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, p. 685.

[10] Denzinger 791; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, pp. 666‐667.

[11] Denzinger 858.

[12] Denzinger 696; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 542.

[13] Denzinger 799‐800.

[14] Denzinger 1800.

[15] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 2 (1878‐1903), p. 402.

 

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