por Hno. Pedro Dimond O.S.B.
Hubiera sido interesante ver, sin embargo, lo que Santo Tomás habría dicho si hubiese vivido hasta el Concilio dogmático de Vienne en 1311. Santo Tomás murió en 1274, 37 años antes del Concilio. El Concilio de Vienne definió infaliblemente como dogma que sólo hay un bautismo que debe ser confesado por todos católicos, y que el único bautismo es el bautismo de agua.
Papa Clemente V, Concilio de Vienne, 1311-1312, ex cathedra: “Además ha de ser por todos fielmente confesado un bautismo único que regenera a todos los bautizados en Cristo, como ha de confesarse un solo Dios y una fe única (Ef. 4, 5); bautismo que, celebrado en agua en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, creemos ser comúnmente, tanto para los niños como para los adultos, perfecto remedio de salvación”[1].
Esta definición es crucial para este debate, porque no se puede afirmar un bautismo de agua y al mismo tiempo aferrarse obstinadamente a la creencia de que hay “tres bautismos”, de los cuales dos no son de agua. Eso es una contradicción evidente. Los que entienden y comprenden este dogma deben repudiar los llamados “tres bautismos”.
Notas:
[1] Denzinger 482.