por Hno. Pedro Dimond O.S.B.
Santo Tomás de Aquino, a pesar de todos sus fabulosos escritos y su inigualable erudición sobre la fe católica, siendo como todos nosotros un hombre falible, cometió algunas equivocaciones, por ejemplo cuando, en la Summa Theologica, declaró explícitamente que “La carne de la Virgen fue concebida en pecado original”[1]. Un escolástico señaló que el libro que Santo Tomás estaba escribiendo cuando murió, se llamaba Compendio de Teología, y que en él se encuentran al menos nueve errores explícitos[2]. De hecho, “hace más que treinta años, el Dr. Andre Daignes, profesor de filosofía en Buenos Aires, Argentina, señaló veinticuatro errores formales en la Summa de Santo Tomás”[3]. Esto simplemente demuestra que algunas de las especulaciones teológicas de nuestros mayores santos teólogos, a pesar de su admirable erudición, pueden, a veces, estar sujetas a error, puesto que ellos no gozan del carisma de la infalibilidad. Es sólo San Pedro y sus sucesores, los Papas, cuando hablan desde la cátedra de Pedro, quienes gozan exclusivamente del carisma de la fe indefectible.
Pío IX, Concilio Vaticano I, ex cathedra:
“Así, pues, este carisma de la verdad Y DE LA FE NUNCA DEFICIENTE, FUE DIVINAMENTE CONFERIDO A PEDRO Y A SUS SUCESORES EN ESTA CÁTEDRA…”[4].
En la Summa Theologica III, q. 66, a. 11, Santo Tomás trata de explicar su creencia en el bautismo de deseo y de sangre. Él intenta explicar cómo puede haber “tres bautismos” (agua, sangre y deseo) cuando San Pablo declara, en Efesios 4, 5, que hay sólo uno. Él dice:
“Los otros dos bautismos quedan incluidos en el bautismo de agua, que recibe su eficacia de la pasión de Cristo y del Espíritu Santo”[5].
Con el mayor de los respetos a Santo Tomás, hay que decir que esto es un débil intento de responder a la objeción de cómo es posible que pueda haber “tres bautismos” cuando Dios ha revelado que hay sólo uno. Es un intento débil ya que Santo Tomás dice que los otros dos bautismos, de deseo y sangre, están incluidos en el bautismo de agua. Ahora bien, esto es falso, porque quien recibe el bautismo de agua no recibe el bautismo de deseo y el bautismo de sangre, conforme incluso a la opinión de los defensores del bautismo de deseo. Por siguiente, es falso decir, como hace Santo Tomás, que los otros dos bautismos se incluyen en el bautismo de agua; ya que ciertamente no lo están.
Además, al enseñar la teoría del bautismo de deseo, Santo Tomás admite repetidas veces que ninguno de ellos es sacramento.
Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica III, q. 66, a. 11, respuesta 2: “Como ya se dijo más arriba (q. 60 a. 1), el sacramento pertenece a la categoría de los signos. Pero los otros dos [bautismo de deseo y sangre] convienen con el bautismo de agua no porque sean signos, sino en el efecto del bautismo. Y por eso no son sacramentos”[6].
El fiero defensor del bautismo de deseo, el P. Laisney, admite lo mismo en su libro, ¿Es el Feeneyismo Católico?, p. 9:
P. Laisney, ¿Es el Feeneyismo Católico?, p. 9: “El bautismo de deseo no es un sacramento; no tiene el signo exterior que se requiere en los sacramentos. Los teólogos, siguiendo a Santo Tomás (…) lo llaman ‘bautismo’ sólo porque produce la gracia del bautismo (…) pero no produce el carácter sacramental”[7].
Ahora bien, el Concilio de Trento (unos pocos siglos después de Santo Tomás, en 1547) definió infaliblemente como dogma que ¡EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO es necesario para la salvación!
Papa Pablo III, Concilio de Trento, canon 5 sobre el sacramento del bautismo, sesión 7, 1547, ex cathedra: “Si alguno dijere que el bautismo [el sacramento] es libre, es decir, no necesario para la salvación, sea anatema”[8].
Por tanto, ¿a quién hay que seguir? ¿A Santo Tomás o al infalible Concilio de Trento? Compárese a ambos:
Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica III, q. 68, a. 2: “… parece que sin el sacramento del bautismo es posible conseguir la salvación por la santificación invisible…”.
Papa Pablo III, Concilio de Trento, canon 5 sobre el sacramento del bautismo, sesión 7, 1547, ex cathedra: “Si alguno dijere que el bautismo [el sacramento] es libre, es decir, no necesario para la salvación, sea anatema”[9].
Aquí hay una contradicción obvia. Santo Tomás de Aquino dice que es posible obtener la salvación sin el sacramento del bautismo, mientras que el infalible Concilio de Trento define que el sacramento es necesario para la salvación. ¿Y qué significa “necesario”? Según la Parte III, q. 68, a. 2, obj. 3 en la propia Summa Theologica de Santo Tomás, “necesario es aquello sin lo cual una cosa no puede existir, como se dice en V Metaphys”[10]. Por lo tanto, “necesario” significa aquello sin lo cual una cosa no puede ser o existir, entonces, no puede haber salvación – es imposible – sin el sacramento del bautismo (de fide, Concilio de Trento). Los católicos deben aceptar esta verdad y rechazar la opinión falible de Santo Tomás sobre el bautismo de deseo en la Summa Theologica.
Papa Benedicto XIV, Apostolica, # 6, 26 de junio de 1749: “La sentencia de la Iglesia es preferible a la de un Doctor conocido por su santidad y enseñanza”[11].
Papa Pío XII, Humani generis, # 21, 12 de agosto de 1950: “Y el divino Redentor no ha confiado la interpretación auténtica de este depósito a cada uno de sus fieles, ni un a los teólogos, sino sólo al Magisterio de la Iglesia”[12].
Papa San Pío X, Pascendi dominici gregis, # 45, 8 de septiembre de 1907: “A la verdad, si hay alguna cosa tratada por los escolásticos con demasiada sutileza o enseñada inconsideradamente, si hay algo menos concorde con las doctrinas comprobadas de los tiempos modernos, o finalmente, que de ningún modo se puede aprobar, de ninguna manera está en Nuestro ánimo el proponerlo para que sea seguido en nuestro tiempo”[13].
Y si alguien sostiene que se puede recibir el sacramento del bautismo sin agua, cito la definición del Concilio de Trento en el canon 2.
Papa Pablo III, Concilio de Trento, canon 2 sobre el sacramento del bautismo, sesión 7, 1547, ex cathedra: “Si alguno dijere que el agua verdadera y natural no es necesaria en el bautismo y, por tanto, desviare a una especie de metáfora las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: ‘Quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo’ [Juan 3, 5], sea anatema”[14].
Notas:
[1] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, p. III, q. 14, a. 3, respuesta a Obj. 1.
[2] Michael Malone, The Only-Begotten, [El Unigénito], p. 395.
[3] Michael Malone, The Only-Begotten, p. 70.
[4] Denzinger 1837.
[5] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, p.III, q. 66, a. 11.
[6] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, p.III, q. 66, a. 11, respuesta 2.
[7] P. Francois Laisney, Is Feeneyism Catholic?, edición inglesa, p. 9.
[8] Denzinger 861; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, p. 685.
[9] Denzinger 861; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, p. 685.
[10] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, p.III, q. 66, a. 2, Obj. 3.
[11] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740‐1878), p. 29.
[12] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 4 (1939‐1958), pp. 178‐179.
[13] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 3 (1903‐1939), p. 92.
[14] Denzinger 858.
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