Fuera de la Iglesia Católica no hay Ninguna Salvación


por Hno. Pedro Dimond O.S.B.

 

San Bernardo

 

San Bernardo, Tractatus de baptismo, II, 8, c. 1130: “Así que, creedme, sería difícil para mí apartarme de estos dos pilares – quiero decir de Agustín y Ambrosio. Confieso que, ya sea por error o conocimiento, estoy con ellos; porque creo que un hombre puede salvarse por la sola fe, con tal que desee recibir el sacramento, en un caso cuando la muerte sorprenda el cumplimiento de su deseo religioso, o algún otro poder invencible se interponga en su camino”[1].

 

      Hay una serie de puntos muy importantes en este pasaje: En primer lugar, vemos que San Bernardo admite explícitamente que su creencia en el bautismo de deseo se basa solamente en lo que él cree que San Agustín y San Ambrosio enseñaron, dando mayor credibilidad a nuestro punto de que el bautismo de deseo es una tradición del hombre, no una enseñanza de Dios. Y como ya hemos visto, incluso los dos Padres que él cita (Agustín y Ambrosio) negaron claramente el concepto al afirmar muchas veces que ningún catecúmeno puede salvarse sin el sacramento del bautismo. De hecho, como se dijo – y vale la pena repetir – el P. Jean-Marc Rulleau (de la FSSPX) se ve obligado a admitir en su libro El Bautismo de Deseo (p. 37), edición inglesa, que fue realmente durante el período de San Bernardo, cuando la idea del bautismo de deseo basada en los pasajes de San Agustín y el discurso fúnebre de San Ambrosio por Valentiniano, empezó a tomar impulso. El conocido Pedro Abelardo (cuya ortodoxia sin embargo es sospechosa en otros puntos) afirmó que cualquier idea del bautismo de deseo basada en San Ambrosio “contradice la tradición en esta materia”[2]. Por lo tanto es evidente que San Bernardo no sólo basa su opinión en dos doctores falibles, sino que plantea una opinión claramente contraria al testimonio abrumador de la Tradición, como se ha demostrado.

 

      En segundo lugar, y quizás lo más importante, al expresar su creencia en el bautismo de deseo, ¡San Bernardo admite explícitamente que puede estar equivocado!

 

San Bernardo: “Quiero decir de Agustín y Ambrosio. Confieso que, ya sea por error o conocimiento, estoy con ellos; porque creo que un hombre puede salvarse por la sola fe, con tal que desee recibir el sacramento…”.

 

      Es importante señalar que el P. Francois Laisney, de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, al citar este pasaje de San Bernardo en su libro ¿Es el Feeneyismo Católico? (p. 67) omite deliberadamente la declaración de San Bernardo, “sea por error o conocimiento...”. Así es como dice el pasaje en su libro ¿Es el Feeneyismo Católico?:

 

“Creedme, será difícil separarme de estas dos columnas, por cuales refiero a Agustín y Ambrosio (…) creyendo con ellos que las personas pueden salvarse por la sola fe y el deseo de recibir el sacramento…”.

 

      Las palabras “ya sea por error o conocimiento” fueron eliminadas por el P. Laisney y reemplazadas por puntos suspensivos (…). Ahora, por supuesto, es perfectamente justificable el uso de puntos suspensivos (…) cuando se citan textos, para omitir las partes de la cita que no son cruciales o necesarias en la discusión. Pero, en este caso, a los lectores del libro del P. Laisney les habría servido ver esta breve y crucial  admisión de San Bernardo: de que él podría estar correcto o equivocado sobre el bautismo de deseo. El P. Laisney deliberadamente la eliminó porque sabe que es devastadora para su argumento de que el bautismo de deseo es una enseñanza de la Iglesia basada en las opiniones de los santos. Esta admisión de San Bernardo, de hecho, echa por tierra la tesis del libro del P. Laisney, por tanto, tuvo que ser desechada. Pero a pesar del intento del P. Laisney de la FSSPX de esconder esto de sus lectores, el hecho es que: San Bernardo admite que no estaba seguro sobre bautismo de deseo porque la idea no se basa en ninguna enseñanza de la Iglesia o tradición infalible, sino solamente en la opinión de hombre.

 

      En tercer lugar, como ya he señalado, es un hecho increíble que en casi todos los casos en que un santo o teólogo expresa su opinión en favor del bautismo de deseo o de sangre, él a veces comete un error distinto en el mismo documento (probando así su falibilidad). En el documento citado arriba, San Bernardo usa tres veces la frase “la sola fe” (que fue condenada aproximadamente 13 veces por el Concilio de Trento en el siglo XVI).

 

San Bernardo, Tractatus de baptismo, II, 8, c. 1130: “Así que, creedme, sería difícil para mí apartarme de estos dos pilares – quiero decir de Agustín y Ambrosio. Confieso que, ya sea por error o conocimiento, estoy con ellos; porque creo que un hombre puede salvarse por la sola fe, con tal que desee recibir el sacramento, en un caso cuando la muerte sorprenda el cumplimiento de su deseo religioso, o algún otro poder invencible se interponga en su camino (…) Esto implica que a veces la fe sola basta para la salvación (…) De la misma manera, la fe sola y conversión de la mente a Dios, sin el derramamiento de sangre o el vertimiento de agua, trae sin duda la salvación a quien tiene la voluntad pero no el medio (…) para ser bautizado”[3].

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 6, can. 9: “Si alguno dijere que el impío se justifica por la sola fe, de modo que entienda no requerirse nada más con que coopere a conseguir la gracia de la justificación y que por parte alguna es necesario que se prepare y disponga por el movimiento de su voluntad, sea anatema”.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 7, can. 8: “Si alguno dijere que por medio de los mismos sacramentos de la Nueva Ley no se confiere la gracia [ex opere operato], sino que la fe sola en la promesa divina basta para conseguir la gracia, sea anatema”.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 6, can. 19: “Si alguno dijere que nada está mandado en el Evangelio fuera de la fe, (…) sea anatema”.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 6, cap. 11: “Así, pues, nadie debe lisonjearse a sí mismo en la sola fe, pensando que por la sola fe ha sido constituido heredero y ha de conseguir la herencia, aun cuando no padezca juntamente con Cristo, para ser juntamente con Él glorificado (Rom. 8, 17)”.

 

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 6, cap. 10: “’Veis que por las obras se justifica el hombre y no sólo por la fe’ (Sant. 2, 24)”.

 

      Estoy seguro que San Bernardo en realidad no creía que la fe sola justifica y salva (la doctrina herética de Lutero); ¡pero está es la frase que él utiliza tres veces! Esto hace aparecer el punto con claridad cristalina: que si alguien dogmatizara las enseñanzas de santos (como les gusta hacer a muchos propugnadores del bautismo de deseo) y las citara como textos de prueba, entonces es posible que terminen con algún error e inclusive en herejía. Y ello demuestra una vez más que las expresiones de San Bernardo no son la enseñanza de la Iglesia católica, sino opiniones que no gozan del carisma de la infalibilidad y en las que podría estar equivocado (como él mismo admite), y, como en este caso, en que está definitivamente equivocado.

 

      En cuarto lugar, al expresar su opinión sobre el bautismo de deseo, San Bernardo dice que uno puede ser impedido de recibir bautismo por algún “poder invencible”. Esto también es teológicamente incorrecto. ¡Dios es omnipotente; Él solo es el “poder invencible”! Nada le puede impedir a Él conducir al bautismo a un alma de buena voluntad.

 

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, ex cathedra: “Todo lo que Dios creó, con su providencia lo conserva y gobierna, alcanzando de un confín a otro poderosamente y disponiéndolo todo suavemente…[4].

 

      E, irónicamente, al hacer la antedicha declaración sobre un catecúmeno que se vea impedido de recibir el bautismo por algún “poder invencible”, San Bernardo también contradice directamente a San Agustín, sobre quien intenta apoyar su falible opinión sobre el bautismo de deseo.

 

San Agustín, 391: “Cuando nos encontremos ante su vista [de Dios], vamos a contemplar la equidad de la justicia de Dios. Entonces nadie dirá: (…) ¿Por qué éste hombre fue llevado al mandato de Dios para ser bautizado, mientras que aquél hombre, aunque vivió correctamente como un catecúmeno, fue asesinado en un desastre repentino, y no fue bautizado? Buscas recompensas, y encontrarás nada más que castigos[5].

 

      Todo esto prueba que la sanción de San Bernardo por el bautismo de deseo era defectuosa, contradictoria, confesadamente falible y basada solamente en lo que él creía eran las opiniones de los hombres. Ellas pierden todo valor frente al indefectible, perfectamente consistente e infalible dogma que proclama que ningún hombre puede ser salvo sin el sacramento del bautismo.

 

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Exultate Deo, 22 de noviembre 1439, ex cathedra: “El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es la puerta de la vida espiritual pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en todos,si no renacemos por el agua y el Espíritu’, como dice la Verdad, ‘no podemos entrar en el reino de los cielos’ [Juan 3, 5]. La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural”[6].

 

      Y esta tradición del hombre (el bautismo de deseo) ganó más impulso después de San Bernardo, cuando lamentablemente Santo Tomás de Aquino la hizo suya, basado de nuevo en los pocos pasajes de San Agustín, el único de San Ambrosio y su propio razonamiento teológico especulativo.

 

Notas:

[1] Citado por P. Jean‐Marc Rulleau, Baptism of Desire, edición inglesa, p. 37.

[2] Citado por P. Jean‐Marc Rulleau, Baptism of Desire, edición inglesa, p. 37.

[3] Citado por P. Jean‐Marc Rulleau, Baptism of Desire, edición inglesa, p. 37.

[4] Denzinger 1784.

[5] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 3: 1496.

[6] Denzinger 696; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 542.

 

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