Fuera de la Iglesia Católica no hay Ninguna Salvación


por Hno. Pedro Dimond O.S.B.

 

El Papa San Siricio (384-398)

 

      En su carta al obispo de Tarragona en el año 385, el Papa San Siricio también muestra cómo la creencia en la Iglesia antigua rechazaba todo concepto de bautismo de deseo.

 

Papa San Siricio, Carta a Himerio, 385:
“En cuanto mantenemos que la observancia del santo tiempo Pascual no debe ser relajada de ninguna manera, de la misma manera deseamos que los infantes quienes, por causa de su edad, todavía no pueden hablar, o los que, en cualquier necesidad, carecen del agua del santo bautismo, sean socorridos a la mayor brevedad posible, por miedo a que, si dejasen este mundo, fuesen privados de la vida del Reino por haber sido rechazada la fuente de salvación que deseaban, esto puede conducir a la ruina de nuestras almas. Si los que están en peligro de naufragio, o de ataque de enemigos, o en un cerco incierto, o puestos en una condición desesperada por causa de una enfermedad física, pidan lo que en su fe es su única ayuda, que reciban en el mismo momento en que lo piden el premio de la regeneración por el que ruegan. ¡Basta ya de los errores del pasado! A partir de ahora, que todos los sacerdotes observen la regla antedicha si no quieren ser separados de la sólida piedra apostólica en que Cristo ha fundado su Iglesia universal[1].

 

      Esta cita del Papa San Siricio es sorprendente, ya que de nuevo muestra claramente cómo la Iglesia primitiva rechazó la creencia en el concepto de bautismo de deseo. Él comienza afirmando que la observancia del tiempo Pascual no debe ser relajada (él se refiere al hecho de que los bautismos se administraban históricamente durante el tiempo Pascual). Tras afirmar que esta tradición debe ser mantenida, advierte que los infantes y los de cualquier necesidad o peligro deben ser bautizados inmediatamente, por temor a que sean “privados de la vida del Reino por haberles sido negado la fuente de salvación que ellos desean”. El latín del crítico pasaje es: “… ne ad nostrarum perniciem tendat animarum, si negato desiderantibus fonte salutari exiens unusquisque de saeculo et regnum perdat et vitam[2].

 

      En otras palabras, ¡el hombre que desea el bautismo de agua y pide la regeneración todavía se le niega el cielo si no lo recibe! ¡Nada podría rechazar más claramente el concepto del bautismo de deseo! (Esto también prueba que el retraso en bautizar a los adultos era para instruir y probar a los catecúmenos, no porque se creyera que los catecúmenos podrían salvarse sin el bautismo).

 

      Este punto es hecho otra vez por el Papa en la segunda parte de la cita, donde dice que cuando esas personas sin bautizar piden lo que en su fe es su única ayuda, que reciban en el mismo momento en que lo piden el premio de la regeneración por el que ruegan”. ¡Esto significa que recibir el bautismo de agua es la única ayuda para la salvación de esas personas que desean con ahínco recibir el bautismo! ¡No hay ninguna ayuda para la salvación de esas personas en su deseo o martirio, sino sólo en recibir el sacramento del bautismo!

  

Notas:

[1] P. Jacques Dupuis, S.J. y P. Josef Neuner, S.J., The Christian Faith [La Fe Cristiana], Sexta edición inglesa revisada y ampliada, Staten Island, NY: Alba House, 1996, p. 540.

[2] El latín se encuentra en Enchiridion Symbolorum editado por Denzinger‐Schonmetzer, edición latina, 1962, no. 184.

 

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