Fuera de la Iglesia Católica no hay Ninguna Salvación


por Hno. Pedro Dimond O.S.B.

 

San Ambrosio (340-397)

 

      De entre los cientos de los Padres de la Iglesia, el otro que citan los defensores del bautismo de deseo es San Ambrosio. Ellos creen que en su discurso fúnebre a su amigo (el emperador Valentiniano) enseñó que el emperador (que solo fue un catecúmeno) se había salvado por el deseo del bautismo. Pero el discurso fúnebre de San Ambrosio para Valentiniano es extremadamente ambiguo y puede interpretarse de diversas maneras. Por tanto, es gratuito que ellos afirmen que él enseña claramente la idea del bautismo de deseo.

 

San Ambrosio, Oración fúnebre de Valentiniano, siglo IV: “Pero he oído que os afligís porque él no recibió los sacramentos del bautismo. Decidme, ¿qué otra cosa hay en vuestro poder que no sea el deseo, la súplica? Pero él incluso tuvo este deseo durante mucho tiempo, que, cuando él viniera a Italia, él se iniciaría (…) ¿No obtuvo, entonces, la gracia que deseaba? ¿No obtuvo la gracia que pidió? Y porque él pidió, el recibió, y por eso se dice: Mas el justo, aunque sea arrebatado de muerte prematura, estará en lugar de reposo (Sab. 4, 7) (…) O si os perturba el hecho de que los misterios no hayan sido celebrados solemnemente, entonces debéis comprender que ni siquiera los mártires son coronados si ellos son catecúmenos, porque ellos no son coronados si no están iniciados. Pero si son lavados en su propia sangre, su piedad y deseo los han lavado, también”[1].

 

      Reflexionemos por un momento de lo que él acaba de decir. Todos los fieles congregados por el servicio memorial estaban afligidos y de luto. ¿Por qué estaban afligidos? Ellos lo estaban porque no hay evidencia de que Valentiniano, un conocido catecúmeno, haya sido bautizado. Pero si el “bautismo de deseo” fuera algo contenido en el depósito de fe y parte de tradición apostólica, ¿por qué estaban afligidos? ¿No deseó fervientemente Valentiniano el bautismo? Con todo, esos fieles estaban afectados por el dolor porque a todos ellos se les había enseñado, y por lo tanto, era lo que creían, que “quien no renaciere de agua y el Espíritu Santo, puede entrar al reino de Dios” (Juan 3, 5). A todos ellos se les había enseñado que nadie es salvo sin el sacramento del bautismo. Su maestro era su obispo, San Ambrosio[2].

 

      Por otra parte, la oración fúnebre de San Ambrosio por Valentiniano es extremadamente ambigua, como es obvio para cualquiera que lea lo anterior. En su discurso, San Ambrosio dice claramente que “los mártires no son coronados [es decir, no se salvan] si ellos son catecúmenos”, una afirmación que directamente niega la idea de bautismo de sangre y es perfectamente consistente con sus otras afirmaciones sobre el tema, que serán citadas. Ambrosio a continuación enfatiza el mismo punto, diciendo de nuevo que los catecúmenos “no son coronados si no están iniciados”. La “iniciación” es un término para el bautismo. Por siguiente, San Ambrosio está repitiendo la verdad apostólica de que los catecúmenos que derraman su sangre por Cristo no pueden salvarse si no están bautizados. Él luego dice que si ellos son lavados en su propia sangre, su piedad y deseo (de Valentiniano) lo han lavado a él también, lo que parece contradecir directamente lo que acaba de decir y parece enseñar el bautismo de deseo y de sangre, aunque no está claro, ya que no dice que Valentiniano se salvó sin el bautismo. Pero si eso fue lo que San Ambrosio quiso decir, entonces su oración fúnebre no tiene sentido, porque ya negó claramente dos veces que los mártires pueden ser coronados si son catecúmenos. ¡Y este es el “texto” más antiguo citado a favor de la idea de bautismo de deseo! Él es, ante todo, contradictorio; en segundo lugar, es ambiguo; y en tercer lugar, si se interpreta en el sentido de que un catecúmeno se salva sin el bautismo de agua, se opone a todas las otras declaraciones que San Ambrosio hizo formalmente sobre la cuestión.

 

      Pero quizás hay otra explicación. San Ambrosio afirma que los fieles estaban afligidos porque Valentiniano no recibió los sacramentos del bautismo. ¿Por qué usó el término “sacramentos” en vez de “sacramento”? ¿Estaba lamentando el hecho que Valentiniano no pudo recibir la confirmación y la eucaristía, que usualmente eran administrados juntos con el bautismo en la Iglesia primitiva? Esto correspondería con su declaración sobre la multitud perturbada porque los misterios no fueron celebrados “solemnemente”, en otras palabras, con todas las ceremonias formales que preceden la celebración solemne del bautismo. Exactamente lo que San Ambrosio quiso decir en este discurso, nunca podremos saberlo en este mundo, pero se nos permite suponer que su intención no era contradecir en un elogio cargado de emoción lo que él había escrito con mucha reflexión y precisión en De Mysteriis y en otros lugares[3].

 

      Curiosamente, el famoso teólogo del siglo XII, Pedro Abelardo, cuya ortodoxia sin embargo es sospechosa en otros puntos, señala que si San Ambrosio alguna vez enseñó el bautismo de deseo “él contradice la tradición sobre esta cuestión”[4], sin mencionar su propia enseñanza que repite la necesidad del sacramento del bautismo, como veremos a continuación.

 

      Y esto es lo que San Ambrosio escribió con mucha reflexión y precisión, lo que elimina el concepto mismo de bautismo de deseo y afirma la tradición universal de todos los Padres de que nadie (incluyendo los catecúmenos) se salva sin el bautismo de agua.

 

San Ambrosio, De mysteriis, 390-391 d.C.:
“Habéis leído, por lo tanto, que los tres testigos en el bautismo son uno: el agua, la sangre, y el espíritu; y si quitáis uno de ellos, el sacramento del bautismo no es válido. Porque ¿qué es el agua sin la cruz de Cristo? Un elemento común sin todo efecto sacramental. Ni por otra parte hay ningún misterio de regeneración sin agua: porque ‘quien no renaciere del agua y del Espíritu, no podrá entrar al reino de Dios’ [Juan 3, 5]. Hasta un catecúmeno cree en la cruz del Señor Jesús, por cual él también es santiguado; pero, si él no es bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no puede recibir la remisión de pecados ni ser receptor del don de gracia espiritual”[5].

 

      Aquí vemos a San Ambrosio negando claramente el concepto de bautismo de deseo. ¡No puede haber nada más claro!

 

San Ambrosio, Los Deberes del Clero, 391 d.C.:
“La Iglesia fue redimida al precio de la sangre de Cristo. Judío o griego, no hay diferencia; pero si él ha creído debe circuncidarse de sus pecados para que pueda ser salvo; (…) porque nadie asciende al reino de los cielos, sino por el sacramento del bautismo[6].

 

San Ambrosio, Los Deberes del Clero, 391 d.C.:
“‘Quien no renaciere de agua y del Espíritu Santo, no podrá entrar al reino de Dios’. Nadie está exento: ni el infante, ni el impedido por alguna necesidad[7].

 

      A diferencia de San Cirilo de Jerusalén y San Fulgencio, quienes al mismo tiempo mencionaron su creencia que había excepciones a Juan 3, 5 sólo en el caso de los mártires, San Ambrosio no reconoce excepciones, lo que excluye el bautismo de deseo y elbautismo de sangre.

 

      ¡Y con eso llegamos al fin de la enseñanza de los Padres sobre el llamado “bautismo de deseo”! Así es; uno o a lo más dos Padres de cientos, San Agustín y San Ambrosio, podrían ser citados. San Agustín admitió que luchaba con esta cuestión, se contradecía a sí mismo sobre ella, y lo más importante, frecuentemente confirmaba la Tradición universal de que nadie – incluso un catecúmeno – entra al cielo sin el bautismo de agua. Y San Ambrosio muchas veces negó, clara y repetidamente, el concepto del bautismo de deseo, al negar que toda persona – incluyendo un catecúmeno – puede salvarse sin renacer del agua y del Espíritu en el sacramento del bautismo.

 

      Y cuando estos hechos son conocidos, se puede ver cuán engañados y descaminados están muchos llamados católicos y católicos tradicionalistas que escuchan a esos maestros mentirosos, muchos de los cuales se presentan como sacerdotes “tradicionalistas”, quienes buscan por mar y tierra para intentar pervertir la enseñanza de la Tradición y llevar a las personas al cielo sin el bautismo. Estos maestros mentirosos están convenciendo a muchos de la ridícula mentira que “los Padres eran unánimes a favor del bautismo de deseo”. Tal afirmación no es más que una tontería y una perversión mortalmente pecaminosa de la Tradición católica. Como un autor lo dijo correctamente:

 

“Los Padres de la Iglesia, por lo tanto, en su conjunto, sólo se puede decir que han verificado definitivamente la enseñanza oficial y auténtica de la única verdadera Iglesia de que es absolutamente necesario para la salvación de toda criatura humana el ser bautizado en el agua del sacramento real instituido por nuestro Señor Jesucristo. Por otra parte, es intelectualmente deshonesto sugerir lo contrario. Y exaltar las opiniones de un puñado de teólogos – incluso un puñado impresionante y conocido – al rango de tradición eclesiástica o incluso de infalibilidad magisterial, no solamente es un ejercicio de prestidigitación verbal, sino también un tipo de miopía superficial inadmisible en cualquier estudio serio de Teología Patrística[8].

 

      La tradición universal de los Apóstoles sobre la necesidad absoluta del bautismo de agua para regeneración y salvación, afirmada por Hermas tan temprano como el siglo I, y repetida por todos los otros, incluyendo a San Justin Mártir, San Teófilo, Orígenes, Tertuliano, San Basilio, San Cirilo, San Agustín, San Ambrosio, etc., etc. etc., se resume en la declaración ya citada de Ambrosio.

 

San Ambrosio: “Ni por otra parte hay ningún misterio de regeneración sin agua: porque ‘quien no renaciere del agua y del Espíritu, no podrá entrar al reino de Dios’ [Juan 3, 5]. Hasta un catecúmeno cree en la cruz del señor Jesús, por cual también es santiguado; pero, si él no es bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no puede recibir la remisión de los pecados ni ser receptor del don de la gracia espiritual”[9].

 

      Esta es la enseñanza unánime de los padres de la Iglesia sobre esta cuestión.

 

P. William Jurgens: “Si no hubiera una tradición constante en los Padres que debe ser entendido absoluto el mensaje Evangélico de ‘quien no renaciere de agua y el Espíritu Santo, no puede entrar al reino de Dios, sería fácil decir que nuestro Salvador simplemente no estimó pertinente mencionar las obvias excepciones de la ignorancia invencible y la imposibilidad física. Pero la tradición de hecho existe; y es bastante probable que se encuentre tan constante como para constituir revelación[10].

 

Notas:

[1] Citado por P. Jean‐Marc Rulleau, Baptism of Desire, edición inglesa, pp. 30‐31; también por P. Francois Laisney, Is Feeneyism Catholic?, edición inglesa, p. 61.

[2] Hno. Robert Mary, Fr. Feeney and the Truth About Salvation, edición inglesa, p. 132.

[3] Hno. Robert Mary, Fr. Feeney and the Truth About Salvation, edición inglesa, p. 133.

[4] P. Jean‐Marc Rulleau, Baptism of Desire, edición inglesa, p. 37.

[5] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 2: 1330.

[6] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 2: 1323.

[7] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 2: 1324.

[8] Michael Malone, The Only‐Begotten, edición inglesa, p. 404.

[9] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 2: 1330.

[10] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 3, pp. 14‐15 nota 31.

 

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