por Hno. Pedro Dimond O.S.B.
Como ya se ha dicho, la teoría de bautismo de sangre nunca ha sido enseñada por un Papa, ni por un Concilio ni en ninguna encíclica papal. Al menos 5 concilios dogmáticos de la Iglesia católica emitieron definiciones detalladas sobre el bautismo, y ni uno de ellos menciona el concepto o el término bautismo de sangre. El Concilio de Trento tiene 14 cánones sobre el bautismo, y el bautismo de sangre no se menciona en ninguna parte. Y, de hecho, todas las declaraciones infalibles de los Papas y de los concilios excluyen la idea.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia,“Cantate Domino”, ex cathedra: “Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica”[1].
¡El Papa Eugenio IV excluye explícitamente de la salvación incluso a aquellos que “derramen su sangre por el nombre de Cristo” si no permanecieren en el seno y unidad de la Iglesia! ¡Y, como ya se ha demostrado, los no bautizados no viven en el seno y unidad de la Iglesia (de fide)! Los no bautizados no están bajo la jurisdicción de la Iglesia católica (de fide, Concilio de Trento, sesión 14, cap. 2)[2]; los no bautizados no son miembros de la Iglesia católica (de fide, Pío XII, Mystici corporis, # 22)[3]; y los no bautizados no tienen la marca de cristianos (de fide, Pío XII, Mediator Dei,# 43)[4].
Si el “bautismo de sangre” verdaderamente sirviera como sustituto para el sacramento del bautismo, Dios nunca habría permitido que la Iglesia católica entendiera en sus decretos infalibles a Juan 3, 5 como según está escrito (Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Exultate Deo, 22 de noviembre de 1439, etc.). Esto es cierto porque la Iglesia no puede errar en la comprensión oficial de las Escrituras.
Además, Dios no hubiera permitido que el infalible Concilio de Trento dejase pasar completamente alguna mención de esta “excepción” en sus cánones sobre el bautismo y en sus capítulos sobre la justificación como forma alternativa de alcanzar el estado de gracia. Él nunca hubiera permitido que todas las definiciones infalibles de los Papas sobre un solo bautismo evitaran alguna mención del “bautismo de sangre”.
Y Dios no habría permitido que el Papa Eugenio IV definiese que nadie, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse si no se hallare en el seno y unidad de la Iglesia católica, sin que mencionase la excepción del “bautismo de sangre”. Dios nunca ha permitido que se enseñe la teoría del bautismo de sangre en un concilio, ni por un Papa, ni en un decreto infalible, salvo los teólogos falibles y los falibles Padres de la Iglesia. Todo esto se debe a que el bautismo de sangre no es una enseñanza de la Iglesia católica, sino una especulación errónea de ciertos Padres que también erraban a veces en sus mismos documentos.
Notas:
[1] Denzinger 714.
[2] Denzinger 895; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, p. 704.
[3] Denzinger 2286.
[4] The Papal Encyclicals, edición inglesa, Vol. 4 (1939‐1958), p. 127.