Fuera de la Iglesia Católica no hay Ninguna Salvación


por Hno. Pedro Dimond O.S.B.

 

Las dos primeras declaraciones sobre el bautismo de sangre

 

      Dos de las pocas declaraciones de Padres que pueden citarse a favor del bautismo de sangre como posible sustituto del bautismo real vienen de San Cipriano y Tertuliano.

 

San Cipriano, a Jubaianus, 254 d.C.: “Los catecúmenos que sufren el martirio antes de haber recibido el bautismo con agua no son privados del sacramento del bautismo. Más bien, son bautizados con el más glorioso y grandioso bautismo de sangre…[1].

 

      Examinemos este pasaje. Si bien enseña el bautismo de sangre, nótese que San Cipriano comete un error significativo en la misma frase. Él dice:

 

“Los catecúmenos que sufren el martirio antes de haber recibido el bautismo con agua no son privados del sacramento del bautismo”.

 

      Esto es completamente erróneo, incluso desde el punto de vista de los defensores del bautismo de sangre y de deseo. Todos los defensores del bautismo de deseo y de sangre admiten que ninguno de los dos es un sacramento, porque no confiere el carácter indeleble del sacramento del bautismo. Por lo tanto, incluso los defensores más firmes del bautismo de sangre admitirían que las palabras de San Cipriano aquí están mal. Por lo tanto, en la misma frase en que San Cipriano enseña el error del bautismo de sangre, comete  un error significativo al explicarlo – él lo llama “sacramento del bautismo”. ¿Qué otra prueba más se necesitaría para demostrar a los liberales que la enseñanza individual de los Padres no es infalible y no representa la tradición universal e incluso puede ser peligrosa, si se mantiene obstinadamente? ¿Por qué citan estos pasajes tan erróneos para intentar “enseñar” a los fieles cuando ni siquiera están de acuerdo con ellos?

 

      Por otra parte, ¡los errores de San Cipriano en este mismo documento (a Jubaianus) no terminan aquí! En el mismo documento, San Cipriano enseña que los herejes no pueden administrar el bautismo válido.

 

San Cipriano, a Jubaianus, 254: “… con respecto a lo que yo podría pensar sobre el asunto del bautismo de los herejes (…) Este bautismo no podemos reconocerlo como válido[2].

 

      Esto también es completamente erróneo, ya que el Concilio de Trento definió que los herejes, siempre y cuando cumplan la materia y la forma correcta, confieren válidamente el bautismo. ¡Pero en realidad San Cipriano sostuvo que era de tradición apostólica que los herejes no podían conferir un bautismo válido! Y esta falsa idea fue rechazada en aquel entonces por el Papa San Esteban y más tarde condenada por la Iglesia católica. ¡Esto en cuanto a la afirmación de que la carta a Jubainaus de San Cipriano es una representación segura de la tradición apostólica! De hecho, San Cipriano y 30 de otros obispos declararon en un concilio regional, en 254 d.C.:

 

Nos (…) juzgamos y mantenemos como cierto que nadie más allá de los límites [es decir, fuera de la Iglesia] es capaz de ser bautizado…[3].

 

      Esto demuestra una vez más el punto: Jesucristo sólo le dio la infalibilidad a San Pedro y sus sucesores (los Papas).

 

Lucas 22, 31-32: “Simón, Simón, Satanás os busca para ahecharos como trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido confirma a tus hermanos”.

 

      Jesucristo no dio la fe indefectible a los obispos, a los teólogos ni a los padres de la Iglesia, Él sólo la dio a Pedro y a sus sucesores cuando hablan desde la cátedra de Pedro o al proponer una doctrina para los fieles que debe ser creída como divinamente revelada.

 

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, ex cathedra:
“Así, pues, este carisma de la verdad Y DE LA FE NUNCA DEFICIENTE, FUE DIVINAMENTE CONFERIDO A PEDRO Y A SUS SUCESORES EN ESTA CÁTEDRA…[4].

 

      Otro Padre primitivo que se cita con frecuencia a favor del bautismo de sangre es Tertuliano. Su declaración es la más antigua que se registra de la enseñanza del bautismo de sangre.

 

Tertuliano, Sobre el bautismo, 203 d.C.: “Si ellos pueden ser lavados en agua ellos necesariamente deben serlo por la sangre. Este es el bautismo, que sustituye al de la fuente, cuando no se ha recibido, y lo restaura cuando se ha perdido”[5].

 

      Pero ¿a que no sabe una cosa? En la misma obra en que Tertuliano expresa su opinión a favor del bautismo de sangre, él también comete un error diferente y significativo. ¡Él dice que los bebés no deben ser bautizados hasta que sean adultos!

 

Tertuliano, Sobre el bautismo, 203 d.C.: “De acuerdo a las circunstancias y la disposición e incluso la edad de la persona individual, puede ser mejor retrasar el bautismo, y sobre todo en el caso de los niños pequeños (…) Que vengan, pues, cuando crezcan…”[6].

 

      Esto contradice la tradición católica universal, recibida de los Apóstoles, y después enseñada infaliblemente por los Papas de que los niños deben ser bautizados lo más pronto posible.

 

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, ex cathedra: “En cuanto a los niños (…) no ha de diferirse el sagrado bautismo…”[7].

 

      Pero además de esto, en la misma obra Sobre el bautismo, Tertuliano en realidad afirma la enseñanza universal de la tradición sobre la necesidad absoluta del bautismo en agua, que es contraria a la idea del bautismo de sangre.

 

Tertuliano, Sobre el bautismo, 203: “… está, de hecho, prescrito que nadie puede alcanzar la salvación sin el bautismo, especialmente en vista de esa declaración del Señor que dice: ‘Quien no renaciere del agua, no tendrá la vida [Juan 3,5]…[8].

 

      Por lo tanto, aquellos que piensan que el bautismo de sangre es una enseñanza de la Iglesia católica, sólo porque este error fue expresado por un número de Padres, están simplemente equivocados. Al igual que muchos o más Padres que declararon que los niños no bautizados sufren el fuego del infierno y que los herejes no pueden bautizar válidamente.  La teoría del bautismo de sangre no fue enseñada universal o constantemente en la Tradición católica y nunca ha sido enseñada o mencionado por ningún Papa, concilio o en alguna encíclica papal.

 

 

Notas:

[1] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 1: 598.

[2] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 1: 593 .

[3] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 1: 591 .

[4] Denzinger 1837.

[5] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 1: 309 .

[6] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 1: 310a .

[7] Denzinger 712; Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 576.

[8] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, edición inglesa, vol. 1: 306.

 

SIGUIENTE CAPÍTULO O SECCIÓN

¿Santos no bautizados? –

Las Actas de los Mártires  

Seguir Leyendo »

 

 

La teoría del bautismo de sangre Leer capítulos y secciones ¿Santos no bautizados?